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La necesidad del país de contar con una adecuada ley de tránsito, no parece mover la voluntad de los congresistas en ese sentido para actuar con celeridad sin perder el tino

Congreso a ritmo lento


La necesidad que tiene el país de que se dictaminen reformas a una ley de tránsito que los mismos congresistas consideraron aprobada a la carrera en la pasada legislatura y que presenta problemas, no ha significado una motivación para que la actual Asamblea Legislativa actuara con rapidez y acierto, con responsabilidad y diligencia.
Los ocho meses que llevan laborando no han sido suficientes para demostrar su capacidad de corregir unas normas supuestamente inconvenientes. Más bien, la tónica ha sido darle largas al asunto bajo el razonamiento de que deben estudiarlas.
Mientras tanto, como lo publicó este medio el lunes 13 del presente mes, hay aspectos bastante claros sobre los resultados de la aplicación de la ley actual. Se producen menos muertes y accidentes de tránsito, hay menos choferes ebrios y se recaudan más recursos para el Estado que el año pasado.
Todo esto a pesar de que muchos consideran desproporcionadas las multas, de que se ha incrementado la corrupción entre los oficiales de tránsito y que el sistema de puntos no ha podido ser aplicado por falta de los recursos tecnológicos necesarios.
Estos datos o la evidente necesidad de los conductores de contar con una adecuada legislación al respecto, no parecen sin embargo mover la voluntad de los congresistas para actuar con celeridad sin perder el tino. Por el contrario, se prevé contar con las reformas a la citada ley después del primer trimestre de 2011.
Este ritmo lento, que le imprime al Congreso una característica semejante a la que mantiene retrasado al país en tantas urgentes necesidades, debe cambiar.
Se impone que los funcionarios en Costa Rica sean capaces de trabajar con mayor prontitud sin que por ello se hagan mal las cosas. Se trata, más bien, de darle la importancia correspondiente al factor tiempo.
Los legisladores hoy se disponen a tomar un largo descanso que se han decretado, mientras la mayor parte de la población se moviliza casi febrilmente en estos días de final de año, entre el trabajo y el deseo de celebrar con sus familiares. Esto aumenta probablemente la circulación del tránsito vehicular, agobiado sin embargo por una ley que, quiéranlo o no, consideran problemática puesto que el mismo Primer Poder de la República así la ha estimado.
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