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La operación del Consejo Nacional de Concesiones, como se ha visto con el correr del tiempo, ha sido deficiente en varios aspectos


Concesiones, alto costo para ticos

Al ver que el Estado era incapaz de financiar obras públicas urgentes para el desarrollo del país, las autoridades en Costa Rica tomaron la decisión hace unos diez años de hacerlo mediante la figura de concesión.
Sin embargo, después no hubo la capacidad para hacer bien las cosas y en algunos casos hasta se cambiaron sobre la marcha las reglas del juego.
La operación del Consejo Nacional de Concesiones, como se ha visto con el correr del tiempo, ha sido deficiente en varios aspectos. Su Junta Directiva, integrada por ministros de Hacienda, de Obras Públicas y Transportes y de Planificación, minó con sus actuaciones, durante la última década, la confianza en el sistema, como bien lo señala una nota de este medio hoy.
Hubo deficiencias desde la elaboración misma de los contratos, que debían definir y puntualizar adecuadamente los objetivos de los proyectos y las técnicas a emplear, hasta la falta de una correcta fiscalización de los procesos, de principio a fin.
Y si faltó la capacidad tampoco hubo la voluntad política para enmendar las fallas, convirtiéndose en ineficaz y a veces en una verdadera cadena de problemas la opción de las concesiones que, de otro modo, y en el caso de la infraestructura por ejemplo, podrían haber dado los buenos resultados que en otros países hemos visto.
Todo esto no ha hecho más que mostrar que el sistema, concebido para dotar al país de lo necesario sin acudir al erario, no dio el resultado esperado porque sus propios impulsores lo deterioraron al punto de tornarlo incapaz de lograr los objetivos para los cuales fue escogido.
Esta no es la única cosa que en el país falla, no porque el sistema no sirva sino porque se utiliza mal.
Si Costa Rica perdió la capacidad de dirigir, contratar, administrar o fiscalizar en cualquier área, es algo que debería analizarse con seriedad y hacer lo necesario para recuperarla. Al mismo tiempo las reglas del juego deben estar muy claras desde el inicio para las empresas.
La adopción en un determinado momento del sistema de concesión de obra pública debió estar en manos muy capaces desde el inicio y esto no debió significar un debilitamiento de la obligación del Estado de supervisar, porque cualquier sistema escogido para llenar cualquier necesidad requiere esa supervisión para garantizar que todo se está realizando con la calidad esperada y en el tiempo y costo definidos.

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