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¡Con los pelos de punta!

• En su debut directoral, Juan Antonio Bayona concreta un clásico instantáneo de terror

El orfanato
Dirección: Juan Antonio Bayona. Reparto: Belén Rueda, Fernando Cayo, Roger Príncep, Mabel Rivera. Duración: 1.40. Origen: México-España 2007. Calificación: 9.

En el género de terror, muy pocas películas logran mantener al público con los pelos de punta a lo largo de toda su duración. “El orfanato” es una de ellas. Sin importar lo que opine cada espectador, con respecto a los fenómenos paranormales y a la vida después de la muerte, esta esmerada producción española genera emociones sobrecogedoras. Desarrolla una trama profundamente inquietante, dotada de credibilidad y coherencia.
Es esta una hazaña poco común, sobre todo considerando que se trata de la ópera prima de Juan Antonio Bayona, un joven cineasta quien emplea las posibilidades expresivas del sétimo arte como si fuera un veterano.
Con una actuación magnífica, tan intensa como matizada, Belén Rueda encarna a Laura, una mujer que regresa al orfanato donde fue criada. La acompañan su esposo Carlos y el hijo adoptivo de ambos, Simón, un chico sensible quien padece de una enfermedad incurable. Carlos y Laura quieren remodelar el hospicio y convertirlo en un hogar para niños discapacitados.
Los problemas comienzan cuando Simón se relaciona con algunos amigos imaginarios, para luego desaparecer, sin dejar rastro, durante una recepción. Aunque las autoridades no pueden encontrar al pequeño, la madre no se resigna a la idea de perderlo. Incluso recurre a la ayuda de una médium, para averiguar si la tétrica mansión está infestada por fantasmas.
Rico de anotaciones psicológicas, estructurado con inteligencia y rigurosidad, el guion de Sergio G. Sánchez constituye una base muy sólida para armar un mecanismo de suspenso que no concede pausas. Lo demás se debe al desbordante talento de un director a quien no le interesan los sustos baratos. Lo que Bayona pretende es concretar una atmósfera tenebrosa, sugerir la presencia de amenazas invisibles y crear expectativas perturbadoras que se renuevan en cada escena, sosteniendo así la tensión de manera constante.
Aquí no se utilizaron técnicas revolucionarias ni trucos sofisticados, sino recursos muy básicos del lenguaje fílmico: encuadres elocuentes, movimientos de cámara esenciales, un montaje preciso y una tremenda banda sonora, donde música y ruidos de fondo sugieren mucho más de lo que se observa en pantalla.
Insertada en aquella larga tradición de horror sobrenatural, que va desde “Los inocentes” (1961) de Jack Clayton, hasta “Los otros” (2001) de Alejandro Amenábar, “El orfanato” incluye varias referencias a los títulos que la precedieron. Aun así, termina siendo una obra original e inconfundible, que desde ya se perfila como un clásico instantáneo.
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