Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 22 Octubre, 2009


De cal y de arena
Con colones no basta

Mientras el abordaje de los servicios portuarios en Limón y Moín siga haciéndose bajo el rigor del debe y el haber propio de unos estados contables, no habrá solución al alcance de la mano para el estado apopléjico en que se encuentran tales servicios. Estos puertos, junto con la carretera nacional # 32, el oleoducto de RECOPE, su muelle y su refinería o estación de almacenamiento, tocan la yugular de la economía costarricense y los resultados que por allí se den —en un sentido o en otro— determinan la naturaleza estrictamente política del caso. El país depende de lo que ocurra en esta complicada madeja de factores. Por lo mismo no es de recibo la renuncia de las potestades de definición de objetivos, ejecución, supervisión y gestión administrativa que son propias y exclusivas del Estado y sus instituciones, para privatizarlas. Los puertos del Caribe de hecho están colapsados por la incompetente gestión de JAPDEVA, entidad por tantos años confiada a manos inexpertas, a veces también de cortas entendederas y proclives al favorecimiento personal por nepotas. Una fallida administración abrió los nichos que aprovechó un sindicato de visión limitada y egoísta para asegurarse todo tipo de privilegios y derechos que con el tiempo se transformaron en la virtuosa llave del cambio a su discreción. JAPDEVA con sus absurdos topes de endeudamiento, con sus carencias de equipo, con sus puertos sofocados, está donde está no por culpa del sindicato sino de quienes la han administrado negligentemente y de los gobiernos que tomaron distancia con errada interpretación de lo que es la autonomía. Hoy, factores técnicos, económicos y legales lastran la prestación de los servicios portuarios en medio de un vacío de autoridad.

Tan grave problema se intenta solventar con la compra de conciencias de un conglomerado social que ahora apela al embuste de una amenaza a sus vidas. Si este es el cartucho de la desesperación hay que decir a los promotores de la privatización portuaria que se equivocan. Mejor escuchen las voces experimentadas y neutras, como lo es CADEXCO, y recelen de esa desenfrenada y ninfomaniática pasión privatizadora de cuanto servicio público hay, sospechosa por lo demás ya que sólo ha podido ser solución para la pobreza de unos pocos. El inventario ciertamente certero de problemas en Limón y Moín hecho por la Fundación CAATEC, desnuda un colapso en los servicios y también un tremendo vacío de autoridad en JAPDEVA (de lo que nadie rinde cuentas). La abusiva tolerancia de privilegios concedidos por ella misma al sindicato, de lo que ha resultado un cuello de botella que lastra el desarrollo del país, saca a JAPDEVA de competitividad. Pero desprender de aquí la conclusión de que sólo la privatización podrá salvarnos, es atribuir a la venta del sofá el milagro del fin de la infidelidad. No, estos graves problemas en el Caribe van más allá y si no se abordan con refinada percepción política, la presión social acumulada puede estallar. Lo mucho que puede aportar el plan “Limón, ciudad-puerto”, podría arder con una chambonada en los puertos.