Con paz construimos y progresamos

Costa Rica fue un oasis de paz en medio de la violencia y los enfrentamientos que caracterizaron la vida de los países centroamericanos durante la mayor parte de los siglos XIX y XX.
Claro que en algunas ocasiones ese oasis se secó. Pero fueron pocas, mientras los años de enfrentamientos armados fueron muchos en nuestras hermanas naciones.
Nuestros antepasados pudieron la mayor parte del tiempo resolver sin violencia sus diferencias. Lo hicieron privilegiando el diálogo, previendo los retos que tendrían que enfrentar, y uniéndose para hacerlo. Claro que había intereses contrapuestos, y también injusticias, pero esos costarricenses no permitieron que esas circunstancias prevalecieran y los condujeran a enfrentamientos violentos. Esas son importantes razón del progreso que desde la independencia construimos los ticos.
Esa debería ser razón suficiente para esmerarnos en vivir armoniosamente, respetándonos mutuamente y tratándonos con afecto.
Y mejor aún, para cumplir con el llamado cristiano y amarnos unos a otros.
Este es el llamado que respetuosamente hago a mis compatriotas al día siguiente de nuestra elección presidencial.
Cuando esto escribo no sé cuál será la voluntad que finalmente ayer haya expresado nuestro pueblo. Perro con independencia del resultado creo que esa debe ser nuestra conducta.
El 1º de enero de este año tuvo lugar la quincuagésima novena Jornada para la Paz. Estas Jornadas fueron establecidas por el Papa San Paulo VI para que cada año “se repitiese como presagio y como promesa”. No como una visión exclusiva católica, sino que “querría encontrar la adhesión de todos los amigos de la Paz como si fuese iniciativa suya propia”.
Nos indicó entonces el Santo Papa Paulo VI la necesidad de “defender la paz frente a los peligros que siempre la amenazan: el peligro de la supervivencia de los egoísmos en las relaciones entre naciones; el peligro de las violencias a que algunos pueblos pueden dejarse arrastrar…; el peligro …del recurso a los terribles armamentos…; el peligro de creer que controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón…”
Para la Jornada para la Paz del pasado 1º de enero el Papa León XIV emitió su primer mensaje para el Dia de la Paz al que denominó: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”. Repitió así un concepto de su primer saludo el día de su elección el 8 de mayo del año pasado.
En este mensaje el Papa León XIV nos señala que cada uno de nosotros en nuestro corazón debemos anidar la paz y portarla para los demás.
Nos indica: “La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”.
Pero nos advierte: “Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás”
Por eso clama el Sumo Pontífice: “Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino”.
Es tesis del Obispo de Roma que la paz es desarmante. Si cada uno somos experiencia y portadores de paz, infundimos paz.
Infundamos paz.
Con independencia de cual haya sido el resultado de la elección de ayer, abracemos la paz y llevémosla a nuestros compatriotas.
Basta ya de diseminar antagonismo y división.
Como hermanos costarricenses tratémonos fraternalmente, con respeto y cariño. Busquemos acuerdos con el diálogo sincero y construyamos juntos soluciones a nuestros problemas.
La paz construye. La paz crea progreso y bienestar. La paz crea felicidad.
