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Viernes 23 Septiembre, 2011


Es deber revalorar e impulsar nuevas formas de desarrollo para mejorar nuestra posición, basados en la calidad del ser humano y no devaluando valores como los derechos laborales, la democracia y la solidaridad

Competitividad o desarrollo, caminos comunes y diferencias

El reciente ranking elaborado por el Foro Económico Mundial es un buen insumo para debatir si nuestros objetivos futuros estarán concentrados en vernos mejor en esa lista de países o bien hay que tener otros elementos que quizás unidos con los mencionados, puedan ser los aspectos que den la orientación para promover un desarrollo costarricense, según nuestras fortalezas, nuestros valores históricos y el sentido de equidad y sostenibilidad, por los cuales los costarricenses han abogado a través de décadas.
En el ámbito de América Latina, Chile lidera el primer lugar (31 en el mundo), seguido de Panamá (que pasó de 53 a 49), Brasil en tercero (53, en el mundo ganó cinco lugares), México en cuarto (58 en el mundo, ganó ocho escaños) y en quinto lugar en Latinoamérica Costa Rica, que pasó del puesto 56 al 61 en el ámbito mundial.
Entre los criterios que se toman en cuenta para este índice están: infraestructura, instituciones, estabilidad macroeconómica, salud, educación, expectativas de la población, competencia de mercados, eficiencia de las relaciones laborales y acceso a tecnología.
El índice de competitividad es un instrumento que sirve para valorar la posición relativa en competitividad de los países. Tiene la desventaja que, como todo índice, sus criterios están sesgados hacia elementos que no necesariamente todos pueden estar de acuerdo, en este caso un sesgo hacia facilitar negocios, lo cual no siempre es complementario con los ideales de desarrollo y calidad de vida de las naciones.
No obstante, hay elementos que brinda que permiten llamar la atención sobre las áreas de mejora, donde enfatizar en políticas públicas de desarrollo. En el caso de Costa Rica, la necesidad imperiosa de mejor infraestructura, la relevancia de la seguridad ciudadana, la lucha por una mejor educación y la estabilidad macroeconómica son centrales.
Una primera consideración de lo que es y lo que implica el índice de competitividad es que sí hay que mejorar, ser más efectivos y usar mejor los recursos.
Los defectos en la educación y la burocracia son problemas operativos. Los retos en seguridad ciudadana son complejos, tienen que ver con exclusión o falta de integración socioeconómica, un entorno social e internacional que favorece hacer dinero de forma fácil y la necesidad de mejora en los programas de seguridad nacional.
De igual forma, este índice muestra ciertas inconsistencias o sesgos. Por ejemplo, pese al relevante crecimiento de Singapur, su posición dentro el índice de competitividad (segundo) no es coherente con el bienestar y desarrollo humano de países como los de Europa del Norte.
Así mismo, el desempeño de Panamá y Chile, puestos como ejemplo por algunos en la competitividad, muestra caminos que no son necesariamente los mejores, como en el fortalecimiento democrático en Panamá, la educación en Chile y en ambos la sobreposición abrupta del crecimiento económico sobre la sostenibilidad ambiental.
Los aspectos positivos que el índice de competitividad presentan para Costa Rica están ligados a los grandes valores que el modelo costarricense desarrolló en la segunda parte del siglo XX. La educación, tener mano de obra calificada, la integración de la ciencia y la tecnología, la institucionalidad democrática y la paz social.
Es deber revalorar e impulsar nuevas formas de desarrollo para mejorar nuestra posición, basados en la calidad del ser humano y no devaluando valores como los derechos laborales, la democracia y la solidaridad.

Roberto Jiménez Gómez
Economista
[email protected]