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Cómo llevar la biblioteca en el bolsillo


Las distintas opciones de “e-books” surgieron tras el éxito del Kindle

A usted podrá gustarle esa sensación inigualable de tocar el papel, de sentir el olor y la textura de cada hoja. Le podrá gustar la sensación de llevarlo bajo el brazo, el impacto de una buena tapa. Podrá también entusiasmarse con la colección que va armando en su biblioteca, con esa nostalgia por los recuerdos que cada título evoca.
Pero parece que el futuro de los libros no tiene en cuenta sus preferencias. Lo que viene es básicamente digital. Con sus distintas tecnologías y formatos, sus pros y contras, sus idas y vueltas, los “e-books” llegaron para quedarse.
Antes de avanzar con esta columna, conviene aclarar de qué hablamos cuando decimos “e-book”. En rigor, libro electrónico podría ser todo dispositivo capaz de presentar una obra literaria en una pantalla. El abanico es tan amplio que incluye desde una computadora cargada con un software especial, hasta las nuevas tabletas y celulares inteligentes, o los dispositivos específicos de lectura electrónica, entre los cuales el Kindle, de Amazon, es el más conocido.
Pero lo más apropiado sería circunscribirlo a ciertas cualidades que este dispositivo debería tener para que se lo pueda comparar efectivamente con el objeto libro. En primer lugar, debería ser portátil (y cuanto más liviano mejor). Además, debería poder cargar, sin problemas, cualquier título. Porque, ¿qué clase de libro sería aquel que no nos permite leer, en forma simple, lo que queremos, no?
Los que más se adaptan a esta definición son los dispositivos específicos de lectura (a los que se conoce genéricamente como “e-books”) y las nuevas tabletas. Ahora, ¿cuáles son las diferencias entre estos dos dispositivos?
La más importante es la tecnología con la que está construida la pantalla. Los e-books usan la llamada “tinta electrónica”, unas bolitas negras magnetizadas que imitan a la perfección las letras de un libro impreso, consumen menos energía (las baterías duran más) y puede verse bajo cualquier situación lumínica (por ejemplo, al aire libre frente al sol).
Las pantallas de las tabletas son, en esencia, las mismas que usa una PC convencional, con todas las limitaciones que esto implica para el placer de la lectura. Simplemente salga con su notebook a un espacio abierto e intente leer un texto a plena luz del día para ver lo que pasa.
Otra diferencia. Los e-books sirven solo para la lectura. En las tabletas, en cambio, la aplicación “e-book” es una más entre tantas otras que le dan al equipo múltiples funciones.
Si bien desde principios de los 90 se viene hablando de la tendencia hacia la lectura digital, el verdadero impulso lo dio el Kindle. Lanzado a fines de 2007, este dispositivo introdujo una novedad que hasta ese momento ningún otro tenía: la conexión directa a Internet (para bajar títulos) a través de la red de telefonía celular. Por primera vez, un “e-book” se deshacía del vínculo físico, a través de un cable, con la computadora.
Pero Amazon (una mega librería online) completó el círculo, al ofrecer su vasta colección de títulos al alcance de los dedos de sus usuarios. El Kindle reunía por primera vez aparato más conexión más títulos.
El éxito del Kindle funcionó, en rigor, como un punto de largada. Hoy la competencia es feroz. En Estados Unidos, por ejemplo, la librería Barnes & Noble vende su dispositivo Nook, que incluye pantalla en color. Para la lengua española la firma Grammata ofrece su línea Papyre, también con tinta electrónica y “atado” a un sistema de distribución online de títulos electrónicos. Las telefónicas se animan y ofrecen sus propios servicios de descargas de títulos en distintos países. A esto hay que sumarle que tanto el iPad como las otras tabletas vienen con su propia “tienda” de libros online.
A usted podrá gustarle la sensación de disfrutar un libro de papel. Y nadie impedirá que lo siga haciendo. Pero cada vez será más sencillo llevar toda su biblioteca, y mucho más, en el bolsillo. Para sus próximas vacaciones, lo difícil no será elegir qué títulos llevar, sino cuál será el dispositivo.

Por Ricardo Braginski
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