Cómo ve el equipo de Trump el desempleo y por qué importa​
Las grandes reducciones de impuestos y el gasto en infraestructura que Trump prometió tienen mucho sentido. Bloomberg/La República
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Durante mucho tiempo Donald Trump se ha mostrado escéptico sobre el índice oficial de desempleo, y esta semana tanto Steven Mnuchin, nominado a secretario de Estado, como el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, han clarificado lo que el Presidente querría decir cuando afirma que las cifras de desempleo no son reales.

¿De qué habla Trump, qué dicen sus funcionarios y cómo eso podría definir la política? Analicemos las cifras.

Difícil de defender: Un 42% de desempleo, 96 millones de desempleados. Trump dijo este mes que en Estados Unidos hay “96 millones que quieren un empleo y no lo pueden conseguir” y “esa es la cifra real”.

Es cierto que hay unos 96 millones de adultos que no trabajan ni buscan empleo. Más aún, si se computa a todas esas personas como desempleadas, sumadas a los 7,2 millones que siguen buscando empleo de forma activa, el índice de desempleo como proporción del total de la población adulta sería de más del 40%. Pero es muy problemático considerar que los adultos que no participan en la fuerza de trabajo constituyen un indicio de debilidad económica.

En realidad, solo 4,5 millones de las personas que no trabajan quieren un empleo. Se ha preguntado tanto a Mnuchin como a Spicer sobre el desempleo del 42% de Trump. Ninguno de ellos defendió esa cifra específica.

Más fácil de apoyar: Debilidad es subestimada. Mnuchin defendió la afirmación de su jefe de que el índice oficial de desempleo no es real. “No es un indicador suficiente de la salud del mercado laboral”, dijo Mnuchin en una respuesta por escrito a senadores que se difundió el lunes.

Spicer dijo el lunes que el equipo económico de Trump analizará “múltiples estadísticas” para evaluar la fortaleza del mercado laboral.

Si persiste una importante debilidad en el mercado laboral, como siguen argumentando, un gran paquete de gasto gubernamental podría proporcionar un fuerte impulso al crecimiento. En ese contexto, las grandes reducciones de impuestos y el gasto en infraestructura que Trump prometió en la campaña tienen mucho sentido.

Si, en cambio, el mercado laboral es fuerte, como sostienen la Reserva Federal y la mayor parte de los economistas convencionales, se corre el riesgo de que un gran gasto fiscal impulse la demanda de todo, desde trabajadores hasta materias primas, lo que aumentaría la inflación y hasta podría causar burbujas.
El resultado sería que esas políticas podrían inspirar una política monetaria más restrictiva que contrarrestaría parte del mayor crecimiento. “Si el estímulo fiscal es excesivo, se corre el riesgo de generar un recalentamiento de la economía”, dijo Ryan Sweet, economista de Moody’s Analytics Inc. Si la debilidad en buena medida ha desaparecido y del Congreso y la Casa Blanca sale un enorme proyecto de gasto, “la Fed va a tener que contrarrestar el estímulo fiscal subiendo las tasas”.


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