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Comediantes tocan fondo

• Dos actores de prestigio como Will Ferrell y John C. Reilly alcanzan el punto más bajo de su carrera

Hermanastros
(Step Brothers)
Dirección: Adam McKay. Reparto: Will Ferrell, John C. Reilly, Mary Steenburgen, Richard Jenkins. Duración: 1.38. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 2.

Tras el éxito conseguido con “Talladega Nights” (2006), graciosa sátira del mundo del automovilismo, se reúne el equipo integrado por el director Adam McKay y los actores Will Ferrell y John C. Reilly. “Hermanastros” no solamente no está a la altura de su aceptable predecesora, sino que representa quizá el punto más bajo en la carrera de dos actores dotados de cierto prestigio.
Desde que se dio a conocer en el programa televisivo “Saturday Night Live”, Ferrell se ha convertido en uno de los comediantes más solicitados de Hollywood. Participó incluso en filmes notables como “Melinda y Melinda” (2004), de Woody Allen; y “Más extraño que la ficción” (2006), de Marc Forster. Por su lado, Reilly colaboró con cineastas de la talla de Paul Thomas Anderson y Martin Scorsese; y fue nominado al Oscar por su trabajo en “Chicago” (2002).
Los dos tocan fondo, protagonizando esta farsa vil y obtusa, ahogada en detalles desagradables y privada de cualquier rastro de creatividad. El guion, redactado por Ferrell y McKay, es un ejemplo de rotunda ineptitud. Desarrolla un argumento anodino y a cada rato recurre a la chabacanería, con tal de arrancarle al público unas cuantas carcajadas.
Lo peor de todo, es que falla rotundamente en su intento. En hora y media de proyección, hay una sola oportunidad para reír, cuando uno de los personajes principales produce lo que es tal vez el pedo más largo e inoportuno en los anales del cine. Ello lo dice todo, acerca del nivel general de la propuesta.
Brennan y Dale son dos hombres adultos, solteros y desempleados, con un desconcertante grado de inmadurez intelectual y emocional: dos preadolescentes, atrapados en cuerpos de cuarentones. Cuando sus respectivos padres se casan entre sí, ellos se convierten en hermanastros. Desde su primer encuentro, se detestan mutuamente. Cada uno se esfuerza por hacerle la vida imposible al otro, mediante bromas pesadas y molestias de toda clase.
Por supuesto, ambos aprenden a quererse. En este sentido, los más trillados esquemas narrativos son reciclados, en una predecible rutina de pleitos, separaciones y reconciliaciones. El único elemento distintivo, es la vulgaridad llevada al extremo, con derroche de insultos, groserías y diálogos que se reducen a una retahíla de malas palabras. La obscenidad alcanza su apogeo en una escena soez, que incluye a los testículos de Brennan fotografiados en primer plano.
En encuadres como este, “Hermanastros” revela su naturaleza de sucia operación comercial, tan torpe y descerebrada como las figuras que retrae.



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