Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 23 Noviembre, 2012

El poder judicial en su conjunto ha estado a la altura de nuestros mejores valores. La ciudadanía los apoya masivamente. En contraste, 38 diputados han pretendido mancillar el nombre de la Patria, pero han caído en la ignominia


¿Colapso institucional?

Durante más de medio siglo en Costa Rica hemos vivido en un Estado Social de Derecho, imperfecto pero ejemplar si lo comparamos con lo que pasaba en la región durante este periodo histórico que se caracterizó, a nivel mundial, por la Guerra Fría.
Fuimos un ejemplo de estabilidad política basado en un Estado de bienestar que procuraba la equidad social. Hoy ese periodo histórico ha terminado. Hemos entrado al siglo XXI, donde los pueblos claman por un sistema político más avanzado, que solo se da construyendo una democracia directa y participativa.
Como los grupos dominantes se empeñan en mantener e, incluso, acrecentar la brecha social, las mayorías marginadas se lanzan a las calles para exigir lo que en derecho les corresponde.
Nunca en las últimas décadas hemos tenido más protestas sociales que en este cuatrienio. Es una expresión elocuente de la crisis a nivel de base en las condiciones materiales (socio-económicas) que vive la mayoría del pueblo.
Esta crisis ha trascendido a la esfera política donde los partidos tradicionales se hunden en el nauseabundo pantano de la más abyecta corrupción. Pero actualmente la crisis alcanza los niveles de la institucionalidad republicana.
La Revolución Inglesa (1688), siguiendo el pensamiento de Locke, estableció la división de poderes para evitar los abusos del absolutismo. Montesquieu puso los fundamentos del Estado de Derecho basándolo en la incorruptibilidad de los jueces. Rousseau hizo del pueblo soberano la matriz de la legitimidad de cualquier sistema político y, con ello, se pusieron las bases filosóficas de lo que hoy se entiende por DEMOCRACIA.
Sobre estos principios los próceres lucharon por nuestra Independencia. Así se fundó la República en la Costa Rica del siglo XIX.
En la actualidad, magistrados como Fernando Cruz han sido los portaestandartes de estos valores supremos. Las palabras del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luis Paulino Mora, son un lúcido y valiente alegato en pro de estos principios.
El poder judicial en su conjunto ha estado a la altura de nuestros mejores valores. La ciudadanía los ha apoyado masivamente. En contraste, 38 diputados han pretendido mancillar el nombre de la Patria, pero han caído en la ignominia.
Frente a su desvergüenza, ese pueblo, heredero de Juanito Mora, se ha erguido y ha enarbolado el estandarte de la dignidad. El abuso del poder por parte del Poder Legislativo incitado por el Poder Ejecutivo, ha arremetido en contra de los jueces honestos, con lo que han puesto a la República en su mayor crisis de institucionalidad desde 1948.
Hoy se puede resolver el error sin llegar a los horrores de la guerra, pero se debe aprender la lección. Para ello, el pueblo tiene que seguir luchando en las calles y en las próximas elecciones debe gritarles a los políticos corruptos lo que, en su momento, les dijeron los argentinos: ¡¡¡QUE SE VAYAN TODOS!!!

Arnoldo Mora