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Clinton busca modo legal de enviar a votantes mensajes de texto

Bloomberg | Martes 09 agosto, 2016 12:00 am

Foto Bloomberg


Las campañas tienen muchas maneras de molestar a los votantes, pero una de ellas, a primera vista, es ilegal. Las normas federales que prohíben el uso de un programa de marcado automático para interactuar con teléfonos celulares desde hace mucho han logrado que las campañas, que alegremente bombardean a los votantes con llamados telefónicos, correo directo, llamadas a la puerta y avisos digitales, hayan carecido de mensajes de texto no solicitados, pese a lo muy prometedores que parecen como herramienta de comunicación política.

Es por esto que, en las proliferantes oficinas de campo que la campaña de Hillary Clinton ha sembrado en los estados más adversos, hay un entusiasmo no habitual con respecto a un nuevo software desarrollado en el país llamado Megaphone, que posibilita la tarea engañosamente simple de gestionar conversaciones individuales con partidarios por mensaje de texto y correo electrónico.

“Borra la división entre el mundo digital y el real”, dijo Jeremy Bird, director nacional de la campaña de 2012 del presidente Barack Obama y hoy asesor externo en la campaña de Clinton. “Utiliza mensajes de texto del mismo modo que uno podría usar el teléfono o llamar a la puerta de una casa”.

La Ley de Protección al Consumidor de Servicios Telefónicos, que entró en vigencia en 1991, refleja la realidad de que, a diferencia de los teléfonos fijos tradicionales, los usuarios de celulares pagan por comunicaciones entrantes no solicitadas. Sin excepción en el caso de mensajes políticos, se prohibió a las campañas enviar mensajes de texto a los votantes a menos que tuviesen expresa autorización para hacerlo.

La situación comenzó a cambiar el año pasado, cuando los organizadores de la campaña de Bernie Sanders descubrieron Hustle, una aplicación desarrollada por una startup de San Francisco por la cual quienes enviaban los mensajes de texto podían dispararlos uno por uno a una extensa lista de receptores. Al garantizar que cada mensaje fuese enviado en forma manual, Hustle cumplía con los requisitos legales al tiempo que permitía la táctica de mensajes de texto a escala.

La campaña de Clinton desarrolló su propia plataforma de software, específicamente diseñada para una campaña política partidaria. Según aquellos que lo han visto y usado, Megaphone imita la capacidad de Hustle de manejar una gran cantidad de conversaciones individualizadas por mensaje de texto y se integra con el sistema de e-mails de la campaña. Un vocero de la campaña de Clinton no quiso hacer comentarios sobre el desarrollo y empleo de Megaphone.

A diferencia de Hustle, Megaphone fue ideado para interactuar fluidamente con la interface NGP VAN que los demócratas utilizan para acceder a los datos de los votantes. La gente que trabaja en la campaña de Clinton ubica votantes a los que desean llegar con un mensaje de texto individualizado del mismo modo que los seleccionarían para ser contactados por el teléfono de un banco o por un solicitador de votos, generalmente para terminar de convencer a los votantes cerca del día de la elección. Con información circulando en ambas direcciones vía API, las conversaciones digitales con los votantes automáticamente ingresan en sus registros individuales, lo que significa que, en teoría, un intercambio de mensajes de texto iniciado por un organizador puede ser continuado a perpetuidad por miembros de la campaña del Partido Demócrata.

“Lo que hace Hustle, lo que hace Megaphone es usar la tecnología para facilitar la organización de la relación”, dijo Bird.

“¿Es una herramienta digital?”preguntó. “No lo sé. ¿El teléfono es una herramienta digital?”.