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Cigarrillo y placer


No puedo negar que esta columna tiene mucho de subjetivo, y la verdad es que prácticamente todo lo que se escriba no será plasmado con objetividad total por quien lo escribe, es imposible, salvo quizás en los tratados científicos.
El mundo indiscutiblemente se dirige hacia un ambiente libre de humo, y hasta aquellos que laboran en compañías que venden estos productos saben que defienden lo indefendible.
Estamos de acuerdo con que cada persona es dueña de su destino o por lo menos con el derecho de contribuir a su “construcción”, y agregamos que ojalá esta construcción sea consciente y no inconscientemente.
El fumar es una decisión personal que afecta a la persona que fuma y a quienes la rodean, de eso me confieso responsable ya que lo hice durante 25 años, mea culpa.
Pero más allá de la salud, el cigarro limita la capacidad de degustar, de sentir, de descubrir el sabor de los alimentos.
Las papilas gustativas se ven cubiertas del alquitrán, nicotina y otros elementos y dejan a la persona incapacitada para sentir.
El cigarro ni eso perdona, ni eso permite y convierte a quien “lo disfruta” de un esclavo siendo el tirano el sabor del cigarro.
Pero no solo el efecto es en la lengua sino en la nariz. Esta también cae rendida ante la magnitud de tal alto, recordemos que en la nariz y por la vía retronasal viajan las fragancias en forma de partículas volátiles que se desprenden de comidas y bebidas y que llegan a la nariz adonde se termina de confirmar o desconocer su procedencia.
Todo el sistema del gusto se afecta, ¿esto es un buen negocio? Definitivamente no lo es, por eso y desde luego por claras razones vinculadas con la salud, ya pertenezco a esta nueva clase de seres humanos que hemos dolorosamente dividido a los amigos en dos grupos, los que fuman y los que no.
Como podrán imaginar los primeros prácticamente se van quedando rezagados y muchas veces no invitados a actividades en las cuales quisiéramos incluirlos pero no es posible debido a su decisión, salvo en lugares en los que el aire corre libre y podemos predecir su dirección.
La buena mesa, la gastronomía noble no va con el cigarrillo, y aprovechamos para hacer un respetuoso llamado a quienes practican esta costumbre que le den un descanso a su vida y descubran un nuevo mundo de sabor y texturas. Su paladar y su espíritu se lo agradecerán y definitivamente su cuerpo y amigos también!
Buen provecho y hasta la próxima semana.


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