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Jueves 24 Diciembre, 2009

Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo

El desarrollo implica mejorar las condiciones de vida de las y los habitantes de un país o una región; pero para lograrlo se requiere que los avances en la ciencia, tecnología e innovación sean transferidos a los diversos sectores y estratos de la sociedad. En otras palabras el desarrollo debe ser incluyente, o sea, facilitar la democratización del conocimiento y de los ingresos en toda la sociedad, especialmente a los que históricamente han tenido menos acceso a los beneficios, para que esta sea más justa y sostenible.
El tema de la ciencia y la tecnología es estratégico para el desarrollo del país. Desde 1844, el Dr. José María Castro Madriz, jefe de Estado de Costa Rica, en su discurso para la apertura de la Universidad de Santo Tomás, señaló: “Triste del país que no tome a las ciencias por guía en sus empresas y trabajos. Se quedará postergado, vendrá a ser tributario de los demás y su rutina será infalible, porque en la situación actual de las sociedades modernas, la que emplea más sagacidad y saber debe obtener ventajas seguras sobre las otras”.
Aunque el trabajo sea una tarea de todos y todas los que conformamos nuestra sociedad, ciertamente, la academia, en especial la educación superior, es la que mayoritariamente realiza actividades de investigación y desarrollo (I+D), y por lo tanto puede aportar de manera significativa nuevos conocimientos y técnicas para fortalecer y aumentar la innovación del país. Sin embargo, la academia no puede hacer este trabajo de forma aislada del resto de la sociedad. El sector empresarial es un actor importante y activo que debe estar dispuesto a vincularse más directamente con las universidades para aplicar esa innovación en sus procesos productivos. Este es un esfuerzo en ambas vías. De esta manera tendremos nuevos productos y nuevos procesos de producción más eficientes y eficaces para la generación de valor en la economía.
Pero además, para completar la triple hélice de la que se habla en la teoría de la innovación, tenemos al Gobierno que debe cumplir un rol fundamental como facilitador en el proceso de transferencia de conocimientos de la académica al sector empresarial, en la creación de incentivos, así como en el diseño y aplicación de políticas públicas, que sean realistas, innovadoras y coherentes, y que orienten y prioricen los sectores económicos estratégicos para el desarrollo que los costarricenses deseamos.
El funcionamiento coherente de la triada: academia, sector productivo y gobierno, es fundamental para la inclusión de los diversos actores participantes. Los adecuados canales de comunicación, entre ellos la labor coordinada, articulada y fortalecida, son parte de la estrategia que se debe diseñar e implementar, para optimizar los recursos con que contamos y así impactar de mejor manera y en un plazo más corto el desarrollo del país.
En otras palabras, no basta con tener excelentes universidades e investigadores, o un sector productivo empresarial y cooperativo muy bien desarrollado, o un buen gobierno con políticas claras; sino que debemos mantener y aumentar una excelente comunicación. La relación entre todos estos actores debe ser franca, sincera y transparente para que realmente tengamos en el país un Sistema Nacional de Innovaciones funcionando a favor del desarrollo del país.
Ahora, que gracias a los esfuerzos del MICIT, al cual felicitamos sinceramente, contamos por segundo año consecutivo con un documento que contiene los “Indicadores de Ciencia, Tecnología e Innovación”, será mucho más efectivo y real identificar los retos y las oportunidades de I+D. En este sentido, podemos revisar el último documento publicado hace apenas unas semanas para realizar varios análisis y desarrollar políticas a favor de la ciencia, la tecnología y la innovación. Solo a manera de ejemplo, podemos citar de este mismo documento que aunque el número de proyectos y actividades aumentó en los últimos años, y también aumentó en un 18% la inversión financiera entre 2007 y 2008, la mayoría de esta (79%) la realiza el sector académico con fondos públicos en universidades públicas. Pero de acuerdo con los mismos indicadores, de los proyectos que desarrolló el sector académico, solo el 15,5% estaba directamente relacionado con las empresas.
Sacar conclusiones con tan solo estos números seguramente se hace tentador para varios lectores, pero muy probablemente sería desacertado, pues se hace necesario estudiar el documento en su conjunto para sacar conclusiones. Pero además, para crear políticas en esta materia necesitamos de los análisis, completar datos, depurar cifras, cruzar información y sobre todo dialogar intensamente entre los actores de la triada ya mencionada.
En este sentido, como rector de una de las universidades públicas más importantes del país y como miembro del Consejo Nacional de Rectores (CONARE) reitero, con el mismo espíritu positivo y constructivo con que lo expresó la actual presidenta del CONARE cuando se presentó públicamente el documento, que las universidades además de contribuir significativamente con el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación, estamos en la mejor disposición de continuar trabajando en la creación de espacios de diálogo y concertación para generar políticas que trasciendan el corto plazo y que más bien alcancen la creación del “sello país en I+D” que Costa Rica necesita para un autóctono desarrollo nacional.

Olman Segura Bonilla
Rector Universidad Nacional