Alberto Cañas

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Sábado 9 Abril, 2011


Chisporroteos


Fue en los tiempos de Guardia, y me imagino que por idea de los maestros Fernández Ferraz y Zambrana, que Costa Rica ideó una manera de diferenciar a los dos gobernantes llamados Juan Mora que habíamos tenido, y que no se les confundiera.
En vida de ellos se les conoció como don Juan y don Juanito. Pero desde los días de Guardia se acordaron del apellido materno del primero de ellos y se le conoció desde entonces, incluso oficialmente como Juan Mora Fernández, y recordaron que el don Juanito del 56, había usado siempre, como ciudadano y como gobernante, su segundo nombre, de manera que se le empezó a conocer oficialmente como Juan Rafael Mora.
Es decir: dos nomenclaturas suficientemente diferenciadas. Y durante muchas décadas nadie los volvió a confundir. En los pedestales de sus estatuas figuran así sus nombres: Juan Mora Fernández y Juan Rafael Mora. A la larga, dos nombres difícilmente confundibles. Entre los ticos de más edad no hay ninguno que desde los días escolares no sepa cual es cual.
Pero desde hace algunos años se ha puesto de moda recordar el apellido materno de don Juanito, y el sencillo Juan Rafael Mora se ha convertido para todos los efectos prácticos, en Mora Porras. Y esto ha sido lamentable porque lo que se ha hecho es subrayar los parecidos en vez de disimularlos.
Hace poco apareció un interesante libro de Juan Durán Luzio, que hasta en la portada le encaja el Porras a don Juanito. Y el colmo ha sido la periodista de La Nación Yendri Miranda, que no sólo le metió el Porras sino que además le quitó el Rafael, o sea que volvió a la confusión entre Juan Mora Fernández y Juan Mora Porras, y no habrá escolar ni colegial que logre salir del enredo.
La inteligente mnemotecnia de nuestros antepasados, tirada por la borda. Eso se llama complicarle la vida al prójimo en vez de facilitársela.
Le preocupa mucho a la gente, y con razón, la ineficacia de la Asamblea Legislativa. Y se la atribuye a la calidad de los diputados, lo que es cierto solo en parte. El desastre legislativo viene de 1994 (año en que este servidor de ustedes fue elegido diputado por segunda vez y se encontró con una Asamblea que no funcionaba, en contraste con la de 1962-1966 en la que estuve y funcionó brillantemente).
El problema es muy sencillo: la Asamblea estrenó en 1962 un nuevo reglamento (preparado por Daniel Oduber y Manuel Formoso Peña), que era un ejemplo de concisión, amplitud y facilidad de acción. Y mal que bien, las Asambleas Legislativas subsiguientes funcionaron. Pero en 1994, la Asamblea Legislativa se varó y sigue varada. ¿El motivo? Que habiendo perdido el PUSC la elección de ese año, y teniendo mayoría en la Asamblea saliente, en el interregno entre febrero y mayo los diputados del PUSC derogaron el notable reglamento de 1962, e impusieron otro, que eliminó los debates del plenario, y está diseñado para que cualquier minoría impida a la mayoría trabajar y producir. Advierto que los diputados gobiernistas del 94 quisimos volver al inteligente reglamento previo, pero la diputación del PUSC nos avisó que si lo intentábamos siquiera, romperían el quorum de la Asamblea.
Yo no creo que entre los partidos que ahora hay en la Asamblea exista alguno lo suficientemente antipatriota para oponerse a que el Poder Legislativo vuelva por sus fueros y adopte de nuevo el reglamento de 1962, (poniéndolo al día como corresponde). Es facilísimo. Cualquier ser humano que haya sido diputado antes y después de 1994, lo sabe. Les solicito a los de mi partido (el PAC) que tomen la iniciativa.
Dice la prensa de ayer, que la Caja del Seguro contrata bodegas con un empresario que retuvo medicinas. Y el gerente de logística (¿con qué se comerá semejante droga: gerencia de logística), afirma que mientras ese empresario, a quien la Caja tiene acusado, no sea declarado culpable, es inocente. Lo que el señor Gerente de la Caja ignora, y ojalá que se lo aprenda, es que una entidad del Estado no tiene por qué negociar ni darles concesiones a sospechosos.
Adelante, sospechosos, que no tenéis nada que perder. A pedir contratos y concesiones, en igualdad de condiciones con los que no son sospechosos y tienen una hoja limpia Adelante con lo faroles y que viva la Pepa.
¿Recuerdan ustedes la época en que en vez de gritar viva la Pepa gritábamos viva el Pepe? Como dice el tango: “Eran otros hombres más hombres los nuestros”.

Alberto F. Cañas
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