Alberto Cañas

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Miércoles 6 Abril, 2011


CHISPORROTEOS


Me cuentan que el “metro” (ferrocaril subterráneo metropolitano) que se está construyendo en la ciudad de Panamá, lo están construyendo los chinos que aquí levantaron un estadio. Me cuentan también que los chinos le pidieron a Panamá que escogiera entre las dos cosas y Panamá escogió el ferrocarril.
¿Hubo posibilidad de que los chinos le construyeran a San José un metro, digamos entre Curridabat y Pavas, que habría transformado la vida misma de nuestra capital? ¿Escogió nuestro digamos gobierno entre dos alternativas, la más demagogiable?
En todo caso, inaugurado ya, cabe que nos preguntemos qué es lo que sigue. De cuales fondos va a disponer el gobierno para mantenerlo, o si, como ya se rumora, lo van a alquilar a una empresa privada, con lo que presumo se cumplirá algún deseo profundo de nuestros grupos gobernantes, de que haya algo privado o privatizado en la Sabana.
Y una vez privatizado ¿quién fijará los precios de entrada? ¿Estarán esos precios al alcance de la gente pobre a quien el padre Chapuí le legó La Sabana? Para qué seguir…
Y sin cambiar totalmente de tema, me pareció notable que le dieran la oportunidad al público que concurre al estadio de escuchar a nuestra Orquesta Sinfónica ejecutando brillantemente el Bolero de Ravel. Estoy seguro de que eso constituyó una experiencia emocional verdadera para todos los que estaban allí.
La salida de Marcos Vargas del gobierno (donde aparentemente hizo mal lo que en el gobierno de José María Figueres hizo aparatosamente bien), ha servido para que el gobierno siga haciendo lo mismo que viene haciendo. Convencida la presidenta de que sus ministros son buenos para todo, pasa a uno, que ya lo fue de otras carteras, a Ministro de la Presidencia, y aquí no ha pasado nada, ni se ha producido dentro del gobierno algo que se parezca a un cambio o una innovación.
A pocos días de una encuesta desconsoladora, esto es más desconsolador aún, y me induce a preguntarme a cuantos costarricenses conoce nuestra presidente aparte lo que antes, cuando las había, llamábamos pegadores de banderas.

Alberto F. Cañas