Alberto Cañas

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Sábado 27 Noviembre, 2010


CHISPORROTEOS


Es indudable, palpable, visible el júbilo con que se ha recibido la sentencia judicial contraria a la explotación de minas a cielo abierto.
Hay algunos que creen que toda la riqueza que este país contiene debe ser explotada ya. Y como no tenemos dinero para explotarla nosotros, que la exploten los otros y nos den una propina.
Recuerdo siempre (aunque hay una gran abundancia de costarricenses incluso dentro del tugurio que llaman PLN, que la olvidan si no es que la ignoran), aquella expresión de don Pepe cuando se negó (creo que fue en 1949) a dar una concesión a empresa extranjera para construir una fábrica de cemento, en el sentido de que prefería que el país esperara a tener fondos propios con que construirla. Y efectivamente, cuando la fábrica de cemento se instaló, fue costarricense… aunque años después se impuso el incontenible deseo de vender y sus dueños la vendieron.
Fue admirable la forma silenciosa y hasta misteriosa en que Daniel Oduber consiguió que la empresa ALCOA, a la que le habían dado una concesión para explotar el aluminio que hay en nuestra zona sur, desistiera de hacerlo. También la idea del presidente fue que cuando tuviéramos como explotarlo nosotros, se hiciera, y antes no.
Pero abundan los precisados, los impacientes, los partidarios del pájaro en mano.
Es muy probable que el progreso indetenible de la humanidad, llegue a encontrar una manera de explotar en el futuro las minas sin causar daños al territorio ni al medio ambiente ni a la atmósfera ni a nadie. Cuando eso ocurra, y tal vez para entonces tengamos dinero, se puede pensar en explotar la famosa mina que tanta polémica ha levantado.
El desarrollo de los países europeos no se hizo con capitales extranjeros (no los había), pero sí explotando a otros continentes: América, Asia, Africa. Bueno, puede que en nuestra época no haga falta explotar continentes lejanos (aunque haya muchas aves de rapiña que insisten en enriquecerse a costa de nuestras propias riquezas naturales). Pero las leyes de Costa Rica paladinamente ignoradas por la pasada administración Arias, tienen un sentido protector y de segura reserva para el futuro. Los legisladores costarricenses no han creído en que nuestros tataranietos hereden un país arruinado por haber agotado sus reservas naturales por la prisa de algunos.
Me tomo la libertad de sugerirle a mi respetada doña Laura, que antes de meterse en el laberinto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, indague diplomáticamente si Rusia no vetaría (dados los nexos que tiene con la Nicaragua actual), un acuerdo allí que nos favoreciese. Esa seguridad es imprescindible. Porque seamos claros: es evidente que la OEA terminará por pronunciarse a favor nuestro aunque el desaforado que destruye a Venezuela vote en contra. Y la Corte de La Haya no funciona políticamente. Pero… ¿las Naciones Unidas? Yo estuve allí en épocas prehistóricas, pero aparte de que en Rusia no hay actualmente un gobierno comunista, las cosas no han cambiado mucho en el Consejo de Seguridad. Tengamos cuidado.

Alberto F. Cañas
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