Alberto Cañas

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Sábado 20 Noviembre, 2010


CHISPORROTEOS


Los costarricenses podemos sentirnos satisfechos de la forma inteligente en que nuestro gobierno se está conduciendo en la OEA con este asunto de Nicaragua. Al comienzo extrañé que planteada esta grave situación, el Ministro de Relaciones Exteriores andaba por el cercano (que no nos es tan cercano) Oriente y el Viceministro veía futbol en Madrid, y no regresaran inmediatamente en el primer avión que se elevara… Pero bueno, ya regresaron.
Fue admirable la presentación del caso que hizo nuestro novato representante en la OEA, don Enrique Castillo, que se lució como los grandes y merece el aplauso entusiasta de todos los costarricenses.
Aunque me perdonará que le rectifico un artículo suyo aparecido en La Nación, en el cual afirma que las Naciones Unidas se fundaron en 1949. No. Fue en 1945, en San Francisco. Ya Alemania se había rendido y Japón todavía no. Quien firmó la carta de las Naciones Unidas por Costa Rica fue el ex presidente, y en aquel momento Ministro de Relaciones Exteriores don Julio Acosta.
Una publicación muy notable sobre el problema con Nicaragua, ha sido el artículo de don Fabián Volio, también en La Nación en el cual relata cómo Costa Rica, con la razón en la mano, le ha sabido ganar a Nicaragua absolutamente todos los conflictos disparatados que nos ha provocado a lo largo de casi dos siglos. ¡Qué cosa! Todos los jueces, árbitros, tribunales cortes y magistrados a que se ha recurrido, nos han dado siempre la razón. Y para demostrar que esta vez también la tenemos, más que nunca, bastará con que se aporten al expediente de la OEA los mapas de la zona que Nicaragua presentó en la Corte de La Haya como oficiales, en el reciente litigio que ganamos.
Como miembro del consejo de la editorial de la EUNED me siento satisfecho (y orgulloso dentro de lo que cabe), de que nuestra editorial haya publicado este año nada menos que sesenta y cinco libros, lo que la señala no solo como la más grande de Costa Rica, sino como la más grande de Centroamérica.
Y ya que de libros hablo, me ha dejado asombrado la belleza del libro Acuantá, de Héctor Gamboa Goldenberg, que acaba de publicar una nueva editorial llamada La Jirafa y yo. Consta de una serie de cuadros y de comentarios en verso (en buen verso, de paso), sobre esos cuadros, todo obra de Gamboa. Un libro, en fin, de gran belleza y de hermoso contenido. Pero con un formato que realmente no sé en qué estante, armario, bodega o librero cabe. Lo pondré en el sitio donde tengo otro, también enorme, de Laureano Albán, que no he logrado nunca acomodar dentro de mi biblioteca. Tal vez se trata de libros para colocar en las mesas y que se entretengan con ellos las visitas. Pero este de Gamboa me ha dejado prácticamente con la boca abierta por la calidad y sentido nacional de su contenido. Albricias.

Alberto F. Cañas
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