Alberto Cañas

Enviar
Sábado 6 Noviembre, 2010


Chisporroteos


Esta tragedia que nos ha traído el temporal que sufrimos, probablemente la más grande que ha vivido Costa Rica desde el terremoto de 1910, debe ponernos a pensar si de veras tenemos los organismos, el personal y el estado de ánimo necesarios para enfrentar semejante cosa sin esperar a que transcurran los históricos 21 meses que requirió Cinchona.
Llevamos ya demasiados años de estar colocando en posiciones claves a personajes cuyo único mérito es haber pegado banderas (cuando se pegaban banderas), ganado distritales con un buen aporte de cuñadas y concuños, o simplemente no querer regresar a sus pueblos cuando se les venció el período de ser diputados (y no de los buenos).
Me pongo a pensar si no estaremos a punto de que se incendie una bodega como la que contenía los elementos necesarios para ayudar a las víctimas del terremoto de Cinchona.
Alguien dijo que la inteligencia del ser humano se debe medir por la facilidad que tenga para decidir o determinar hasta donde puede subir y cuál la más alta posición que tiene verdadero talento y preparación para desempeñar como Dios manda.
Si eso fuera así, nos habríamos ahorrado muchos cónyuges y parientes cercanos que amanecieron en una posición clave y anochecieron sin saber de qué se trataba.
Es terrible lo que ha sucedido. Y de nuevo me formulo la pregunta de si están nuestras instituciones en manos de gente con capacidad de enfrentar la tremenda tarea que les espera… que no se limita, como algunos suponen, a la muy piadosa de enterrar a los muertos. Hay que ocuparse de los sobrevivientes (no de los vivos); es decir de los huérfanos, de los que perdieron su casa, de los que quedaron solos. Y de los caminos. Y de los puentes.
Y, por supuesto, no convertirnos en los acostumbrados llorones que imploran la ayuda exterior con vistas a que ella sea suficiente y no tengamos que gastar un cinco nosotros. ¡Qué asco!

Alberto F. Cañas
[email protected]