Alberto Cañas

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Miércoles 27 Octubre, 2010


Chisporroteos


Con respecto a la paternidad de las proclamas de Juan Rafael Mora, don Juan Durán Luzio nos afea a Fernando Durán Ayanegui y a mí que en nuestro programa radial Así es la Cosa hayamos dicho algo que la tradición viene sosteniendo hace décadas, que es atribuir la paternidad de esas proclamas al periodista francés Adolphe Marie, que residió entre nosotros por ese entonces y figuró en el equipo de gobierno de Mora. Señala el señor Durán Luzio que el periodista francés falleció durante la guerra, y hace un hermoso análisis del estilo de las proclamas comparándolo con el de escritos anteriores de Mora, para concluir que fue el propio prócer quien las escribió.
La argumentación de don Juan es muy convincente y estoy seguro de que Fernando Durán Ayanegui estará de acuerdo conmigo en que tiene todos los visos de certeza.
Pero en algo difiero del señor Durán Luzio, y es cuando dice que ningún individuo es capaz de llegar a dominar una lengua que no sea la suya propia hasta poder escribir correctamente en ella. Pareciera que don Juan ignora la existencia del gran Joseph Conrad que, siendo polaco de nacimiento, aprendió la lengua inglesa pasada la mayoría de edad y llegó a ser uno de los más insignes cultivadores del idioma que conoce la literatura británica.
Y entrando en nuestra propia casa, todos sabemos que nuestro notable dramaturgo H. Alfredo Castro escribió todas sus obras en francés, pues se había educado y vivió muchos años en Francia, y amigos suyos las traducían al español. Aguas Negras, la única pieza suya de ambiente costarricense, y probablemente la mejor de ellas, fue traducida por Abelardo Bonilla y su esposa María Rosa Picado. Durán Ayanegui conoce otro caso, pero no se lo voy a robar.
La película El Ultimo Comandante, dirigida por nuestra compatriota (para mí hasta ahora desconocida) Isabel Martínez y el brasileño Vicente Ferraz, es una excelente muestra de cine nacional y del progreso que vamos alcanzando. Como en la mayoría de las películas costarricenses, su parte floja es el argumento (aunque en el caso concreto la adaptación y el guión están bien hechos, bien escritos y el diálogo tiene buena calidad cinematográfica). La historia que narra, lamentablemente, no es nada interesante. Ignoro si es cierta, pero aunque lo sea, como argumento cinematográfico es muy floja. El fondo musical, la fotografía, la edición, son de excelente calidad, y el reparto, en el que se luce de verdad Alfredo Catania, incluye tres actrices costarricenses de calibre: Ana Clara Carranza, Haydèe de Lev y Annabel Ulloa (las he citado en orden alfabético), y actores nuestros bien conocidos en papeles incidentales se han limitado a secundar al mexicano Damián Alcázar, actor sumamente inexpresivo que no logra capturar la atención del espectador ni simpatía por el personaje, como lo habrían conseguido Luis Fernando Gómez o Leonardo Perucci. En todo caso, es una realización de calidad, que merece aplausos. Vamos bien.

Alberto F. Cañas
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