Alberto Cañas

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Sábado 16 Octubre, 2010


Chisporroteos


No encuentro una palabra que por sí misma concrete lo que quiero expresar: entusiasmo, asombro, admiración, ante lo que ha hecho Chile. Es la capacidad para llevar a cabo lo que Chile ha hecho, y no la cantidad de edificios vacíos, bancos o empresas billonarias que contenga, lo que define a un país como desarrollado. Porque en esta vida todo, hasta el desarrollo, tiene que ser de orden moral. Lo demás son propagandas, engañifas y zarandajas.
Y qué hermoso para los costarricenses que el país que cumplió la enorme hazaña haya sido Chile. El gran amigo que hemos tenido siempre desde los días de la independencia. El país que de primero nos compró café. El que abrió los jóvenes ojos de nuestro primer gran demócrata Gregorio José Ramírez. El que alarmó a la América toda cuando peleamos nuestra guerra contra los filibusteros y el Destino Manifiesto. El que preparó a nuestros mejores y más influyentes educadores hasta que nosotros, de puro idiotas, dejamos de enviarlos allá. Y últimamente, el que con motivo de la horrenda dictadura que sufrió, puso en Costa Rica una inmigración política numerosa, valiosa, inteligente y honorable, que le ha dado tanto a este país, que cuando Chile recobró su democracia muchos se quedaron entre nosotros enseñando, construyendo, conviviendo dentro de ese concepto de hermandad que cada día se profundiza entre las dos nacionalidades.
¡Qué maravilla, lectores y compatriotas, lo que han hecho los chilenos! Un país que, después de sufrir la más horrenda tiranía de los últimos años, tenía razones para estar dividido, pone de manifiesto en la forma más admirable, que es uno solo: compacto decidido, solidario, constructor.
El mismo día en que Chile salvaba la vida de los mineros enterrados en vida durante dos meses, en Costa Rica anunciaban que había comenzado por fin la construcción de viviendas para las víctimas del terremoto de Cinchona ocurrido en enero de 2009.
Consecuencias de esa descuidada democracia nuestra, que pone la responsabilidad de su conducción en manos de meros pegadores de banderas, donde los politiqueros más ignorantes y corruptos escalan con facilidad altas posiciones y han terminado por abdicar de sus poderes (puede que porque reconocen su incapacidad para ejercerlos), y ponerlos en manos de una sala judicial compuesta por funcionarios que no han sido elegidos por el pueblo sino nombrados previo “concurso”.
Paro aquí porque, sin desviarme, me desvié del tema. Concluyo diciendo lo que siento en chileno: ¡Viva Chile mierda!

Alberto F. Cañas
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