Alberto Cañas

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Miércoles 13 Octubre, 2010


Chisporroteos


Ya me va pareciendo que eso de inaugurar cosas trae mala suerte. Cosa que se inauguró antes del 8 de mayo último, cosa que anda mal, está mal o fue mal hecha.
Moraleja: los vecinos de cada distrito deben oponerse a que se hagan ceremonias de inauguración en sus respectivos territorios porque si es edificio, se cae; si es carretera, se derrumba, y si es Casa Presidencial el terreno es ajeno y privado y la placa se pierde. ¿Para qué seguir? Quiero decir: ¿para qué seguir yo enumerando y para qué seguir los gobiernos salientes inaugurando?
Muy grave, y perdone doña Laura, que un gobierno que tiene oficinas de información en la Casa Presidencial con personal suficiente, ahora contrate por millones (que deberían dedicarse a labores más útiles) una compañía que le construya o mejore su imagen antes de Navidad.
¿Y después de Navidad?
Eso que se está tejiendo en torno al Alcalde de San José me parece casi cómico. ¿Es que cada vez que uno se pasa de casa debe solicitar una cédula de identidad nueva? ¿Es que si uno traslada su residencia a un lugar distinto de aquel donde trabaja o tiene su empresa, ¿está obligado a cambiar su domicilio electoral? ¿Se imaginan ustedes las presas que se van a hacer en el Registro Civil tramitando cédulas nuevas para los que se pasaron de casa?
Hay que tomar una decisión clara, en el sentido de que la persona que, por ejemplo, trabaja en un cantón pero duerme en otro, pueda escoger en cuál quiere votar.
Cuando yo estudiaba derecho, se nos enseñaba que domicilio es el “principal establecimiento” de la persona. El diccionario de la Real Academia trae una primera definición que parece conformarse o casi conformarse con la que le quieren aplicar a don Johnny Araya: “Morada fija y permanente”. Pero agrega una segunda que se conforma más con lo que aprendí y vengo diciendo: “Lugar en que legalmente se considera establecido alguien para el cumplimiento de sus obligaciones y el ejercicio de sus derechos”. Para los efectos de que vengo hablando, la que conviene es la segunda.
Principio democrático general: entre dos opciones, la que le dé más libertad al individuo y mayor posibilidad de escoger, es la preferible.

Alberto F. Cañas
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