Alberto Cañas

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Sábado 17 Julio, 2010


CHISPORROTEOS


En vista de que el Colegio de Abogados ha decidido cambiarse de nombre y hacerse llamar de Abogados y Abogadas, decisión la más inteligente y sublime que jamás haya tomado un organismo costarricense, como miembro además de otro colegio, el de Periodistas, formalmente propongo a su Junta Directiva que, siguiendo ese ejemplo rutilante, acuerde llamarse Colegio de Periodistas y Periodistos.
Nada hay como el respeto a la tradición, a la belleza literaria, al Siglo de Oro, al Quijote, a la gramática y al lenguaje hablado. De allí el entusiasmo con que he recibido la decisión de la Colegia (perdón, quise decir Colegio) que se prestigió con la presidencia de juristas y estilistas del idioma como don Víctor Guardia por citar un ejemplo, y mi empeño en que los periodistos lo imiten.
Eso de que no van a contar a los chinos en el censo que se avecina me suena a broma (por no decir a irresponsabilidad), porque un censo en que determinados datos no figuran, no es un censo, ni una censa, a lo más un objeto de censura. Me parecería más sano no contar a los delincuentes y manifestar al mundo que aquí no los hay. Pero un censo que falta a la verdad o la oculta siquiera sea parcialmente, es un disparate inútil y no vale la pena gastar ni dos colones en realizarlo. Destinen la plata a otra cosa.
Hay un propósito que puede ser deliberado, de borrar de la historia patria la heroica resistencia del pueblo costarricense a la tiranía tinoquista de 1917. El otro día volvieron los periodistas de La Nación a caer en un vicio que ya da asco: llamar a la Avenida Central de San José Avenida Cero, cuando nunca se ha llamado así y su nombre correcto es Avenida Fernández Güell, en honor del gran periodista asesinado por el gobierno en 1918. La Calle Central de San José se llama Calle Alfredo Volio, otro héroe de la revolución, pero las autoridades de tránsito, en complicidad con la prensa, la llaman Calle Cero. El Teatro Raventós llevaba el nombre de su constructor, don José Raventós… pero como don José Raventós fue una especie de tesorero de la revolución anti- tinoquista, le quitaron su nombre y le pusieron el de Melico Salazar. El Templo de la Música fue construido para conmemorar la derrota de la dictadura en 1919, pero ya hubo un ridículo intento una vez de demolerlo y sustituirlo por un busto de Gardel. Y así sucesivamente.
El sucesivamente que acabo de escribir se resume diciendo que falta poco (una vez que la huella de la lucha contra Tinoco desaparezca) para que se haga lo mismo con el 48. Ya en el Museo de Arte le cambiaron el nombre a un mural de Amighetti sobre la masacre de Dominical. Por algo se empieza. Un amigo (bueno, no sé si es amigo mío o no), me preguntó telefónicamente si yo estaría dispuesto a luchar porque quiten el retrato de Tinoco de la Galería de buenos gobernantes. Mi respuesta fue que allí hay tres que no debieran estar. Los otros dos son Morazán y Picado (este último, no sólo por el fraude electoral del 44 sino por el asesinato de Carlos Luis Valverde y prisión de Otilio Ulate). Y con esto pongo punto final a esto que no faltará quien califique de exabrupto, y quien quita que no tenga razón.

Alberto F. Cañas
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