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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 23 junio, 2010



CHISPORROTEOS


Viene de años atrás el problema, digamos de alojamiento, para la Asamblea Legislativa, que tiene 52 años de funcionar en un edificio que no fue diseñado para ella ni le había sido destinado, pero que en 1958 allí estaba, inconcluso y vacío desde 1940.  La primera vez que este servidor de ustedes fue diputado, en 1962, la Asamblea solamente funcionaba por las tardes: la posición, así, era de medio tiempo y la Asamblea no nos proporcionaba oficinas ni personal de secretariado o de asesoría. Una oficinita para cada fracción (eran cuatro, una de ellas unipersonal), y cada fracción pagaba los servicios de la persona que la atendía. Por cierto que esa Asamblea de 1962, y la que la precedió en 1958 (principalmente esta última), han sido consideradas por varios comentaristas como las mejores que ha tenido el país a partir de 1949. Y la de 1958 legó a las siguientes el mejor reglamento que nuestro Poder Legislativo haya tenido jamás, estableciendo las comisiones que sesionan, la publicidad de sus sesiones y otros progresos que asambleas posteriores fueron echando a perder, hasta que la de 1990 en sus postrimerías, inventó un nuevo reglamento, torpe y reaccionario, que no camina ni para atrás ni para adelante (bueno, para atrás sí). Lo obvio es que cuando la Asamblea decidió ser de tiempo completo y proveer de oficinas individuales a sus miembros, se armó un problema de dimensiones escalofriantes, que la adquisición del viejo Colegio de Sion y del edificio Lam no resolvió: oficinas individuales para 57 diputados. Por ahí don Oscar Arias (ay ay ay, antes de ser ex) inauguró un parqueo con placa y todo donde había decidido él que se construyera un edificio para la Presidencia de la República. No se sabe si oficinas, residencia o ambas cosas. Pues bien, ese proyecto en el que participaría el Banco Centroamericano debería la actual administración desviarlo, y convertirlo en un edificio, yo diría un capitolio, para la Asamblea Legislativa, reservando para la Presidencia (como lo pensó don Chico Orlich), los terrenos situados al este del Parque Nacional, que se convertiría casi en un jardín presidencial público. Otra solución provisional sería tumbar de una vez el edificio Lam, y construir en ese lote un edificio cómodo de 57 oficinas para los diputados, y que la Asamblea recupere así, para su propio personal administrativo y técnico, la totalidad del edificio central. En todo caso, cuando se construya de veras el capitolio que necesitamos, la actual sede de la Asamblea tendrá otro uso que se determinará oportunamente. Pues el edificio que se construya donde está el Lam, formará parte del conjunto que se destinará a otra cosa. Por ahí alguien me sugiere que lo que este país está necesitando es una palabra de cinco letras que hay que decirla a gritos y en coro: BASTA.

Alberto F. Cañas
[email protected]

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