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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 16 junio, 2010



CHISPORROTEOS


En mi columna del sábado 12 cometí una injusticia e hice lo que casi equivale a una denuncia falsa, debida a una mala interpretación de lo que me informó fuente que me merece crédito.
No es cierto que sea el Instituto Nacional de Aprendizaje el que les vende a los estudiantes cierto material que necesitan y exija que lo paguen al contado.
Excúseme el INA por haberlo dicho así, pero repito entendí o interpreté mal lo que de muy buena fuente y con buena fe me informaron.
Creo que en la Costa Rica de nuestros días el INA es la institución más importante, la básica, la que prepara en las actividades y oficios que no se aprenden en las universidades, la que ofrece oportunidad de estudio a quienes no ostentan el título de bachilleres, la que suministra a las empresas nacionales y extranjeras el personal capacitado y no graduado de Universidad que requieren y que en estos momentos solo Costa Rica prepara en esta región del mundo, en esa institución ejemplar.
Entre las pocas cosas de que me enorgullezco está el haber impulsado y peleado en la Asamblea Legislativa, como Jefe de Fracción del PLN y como Presidente de la Comisión de Asuntos Sociales durante el Gobierno de don Francisco Orlich, por el estupendo proyecto que elaboró y presentó el Ministro de Trabajo don Alfonso Carro, para crear este instituto ejemplar y singular. Me complació mucho la decisión que tomó de colocar la estatua de don Chico en su sede, una vez que la tontería nacional la había retirado de su estupendo sitio original.
Como dije en mi columna del sábado que hoy rectifico, he visto con disgusto la poca importancia que muchos gobiernos le han concedido a ese instituto ejemplar, poniéndolo incluso más de una vez en manos de la gradería de sol. Porque es allí donde se están preparando los técnicos y operarios que el país necesita aunque algunos pretendan no solo tu gloria manchar sino también que basta con aprender a hablar inglés para que todo se arregle y camine bien.
No todos los trabajadores tienen por qué ser doctores. Ya estoy a punto de creer que ya tenemos demasiados doctores, y tal vez convendría que proyectáramos una colonia de doctores en la Isla del Coco.
Pero me aparto de mi ya manifestado propósito de hoy: excusarme ante el INA por haberlo culpado de algo en que ahora sé que no tiene arte ni parte.

Alberto F. Cañas
[email protected]


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