Alberto Cañas

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Sábado 29 Mayo, 2010


CHISPORROTEOS


Sólo aplausos merece la decisión de la Presidenta de la República de condenar, amenazando con vetarlo, el indecente propósito de casi todos los diputados de su partido, y de otro de cuyo nombre no quiero acordarme, de aumentarse paladinamente sus salarios a como hubiera lugar y violentando las más elementales normas de ética y de moral política que pueda uno imaginarse.
La actuación de doña Laura es una invitación a la tranquilidad aunque todavía no al optimismo. Son, lamentablemente, muchas las decisiones de ese jaez que tendrá que tomar en los próximos cuatro años, ante el jadeo de hambres no sé si atrasadas de la fauna que predomina en el partido que antaño lideraron don Pepe Figueres y don Chico Orlich.
Que el pobre don Bruno no pueda subsistir una quincena sin salario; que los formidables y bien capacitados diputados ganen más, mucho más que sus antecesores. Y doña Laura en medio capeando.
Pero en fin, la más pequeña lucecita introduciéndose por el más angosto resquicio, es suficiente a veces para este columnista, que ansía recuperar el optimismo político en que vivió entre 1948 y 1982.
Las opiniones que últimamente han aparecido contra el uso de la palabra presidenta para referirse a doña Laura, se basan en una especie de falacia gramatical, estrictamente gramatical: en que la palabra se inició como adjetivo (presente, residente, impertinente, etc.), y como adjetivo carecía de género… porque sí, ya que eso no es extensivo a todos los adjetivos... Pero el uso la ha convertido en un sustantivo, y entonces las reglas tan estrictas no lo son tanto o no se le aplican, porque el uso ha ordenado otra cosa. ¿Podríamos referirnos a nuestras clásicas nigüenta y sirvienta? El asunto no se va a resolver conforme a reglas gramaticales de escritorio. Lo que tiene importancia en estas cosas es siempre el uso. No hay nada más democrático que el lenguaje. Los gramáticos se limitan a poner atención, fijarse, cuidar, y sacar conclusiones. Pero nada pueden imponer.

Alberto F. Cañas
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