Alberto Cañas

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Sábado 8 Mayo, 2010

CHISPORROTEOS

El Libro Guiness de récords mundiales tendrá que aumentar su número de páginas el año entrante dados los récords que los ticos hemos tenido que presenciar o sufrir (no se sabe bien) en estos días.
Entre ellos el verdaderamente histórico de un presidente que va a bautizar, a inaugurar o a colocarle una placa, a un terreno de propiedad privada, ocupado por un estacionamiento público, terreno que el Estado no ha comprado, ni ha decretado que se expropie. Pero que alguien, no se sabe quien ni por qué medios, decidió que en él se va a construir una Casa Presidencial, probablemente un edificio para las oficinas de la Presidencia también. Según cuentan, la placa no se quedó allí, pero la fotografiaron, enviaron una copia de la fotografía a los señores Guinness y a otra cosa. Quiero decir, a otra inauguración y otra placa.
Hace décadas se viene necesitando una Casa Presidencial. Pero una Casa Presidencial en un lugar apropiado y ojalá escogido por urbanistas. Pero no a la pura bulla, en el espacio de una manzana, entre dos avenidas de enorme tránsito, esquina opuesta a la Asamblea Legislativa a donde suelen dirigirse las manifestaciones de protesta de toda clase.
¿Quién escogió esa propiedad? ¿Se abrió una licitación, se consultó al Colegio de Arquitectos? ¿Se consultó con el gobierno que se inicia hoy? Y algo más concreto: ¿Le pidieron permiso al dueño del terreno para meterse en él con una placa que, repito, parece que no se quedó allí sino que se fueron con su música (quiero decir con su placa) a otra parte?
¿Se ha formalizado algo? ¿Y si la nueva administración decide otra cosa? ¿Si la nueva presidenta prefiere que se construya una residencia presidencial cómoda y pequeña en Zapote y que se amplíe allí el edificio de oficinas, cosa en todo caso más económica y razonable que traerse la Presidencia a la Avenida Central de San José? ¿Quién tomó la decisión? ¿Se les preguntó a los chinos si quieren ellos hacerse cargo de la construcción?
No es que fuera una pesadilla, pero ya el gobierno saliente se estaba poniendo muy pesadillo con sus obsesiones, majaderías y mono-placomanías, y su contemplación nepótica de un futuro con dinastía, no se sabe bien si dinastía borbónica, dinastía bonapartista o dinastía somociana.
Por otra parte y cambiando de tema, me pregunto si la Constitución, las leyes o el TSE autorizan a meterse con lo que un sacerdote diga desde el púlpito a sus feligreses. ¿Se nos estará de veras infiltrando la furia anticatólica de ciertos extremistas norteamericanos (por dicha pocos pero por desgracia bien forrados de dinero), que ven en los católicos una presa fácil y en los protestantes unos férreos opositores al comunismo?

Alberto F. Cañas
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