Alberto Cañas

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Miércoles 20 Enero, 2010


CHISPORROTEOS


Por primera vez se han visto en la prensa artículos de descontento por la adjudicación del Premio Nacional de Cultura Magón. Pero hace años que esas protestas existen, y se repiten sin llegar a hacerse públicas.

El Premio Magón fue concebido y diseñado por Fernando Volio Jiménez como un reconocimiento nacional a la actividad creadora (literaria, histórica, artística o musical). Pero de pronto comenzaron a otorgarlo no a creadores sino a patrocinadores o mecenas de la cultura, a educadores en general, de suerte que ya va siendo muy claro que basta hacerlo bien desde un cargo público relacionado con la cultura o con el arte, para poder aspirar a ese premio.

Recuerdo que hace ya algunos años un Premio Magón que corrió a publicar un libro después de que se lo adjudicaron, para que quedara constancia de que había escrito algo. Y en ocasiones en que me ha tocado ser miembro del jurado, encontrarme con candidatos cuya existencia física misma desconocía, pero que alguna vez olvidada, me dijeron, habían hecho algo por la educación como haber escrito un texto útil que se usó en la escuela primaria.

A veces la cosa es mucho más grave. Recuerdo que en cierta ocasión en que también formé parte del jurado, propuse dos candidatos: Eugenio Rodríguez Vega y Felo García. Lo ganó Eugenio, después de que un miembro del jurado (que por cierto alguna vez fue Ministro de Cultura) afirmó que el Magón se le otorgaría a Felo sobre su cadáver.

Existe un Premio Nacional de Ciencia que lleva el nombre de Clorito Picado, pero por alguna razón no es un premio sino un concurso. Bastaría que lo reformen y que de ser un concurso pase a ser un reconocimiento, para que el Magón se descargue de una serie de inconveniencias.

En cuanto al Magón que otorgan, no por crear cultura sino por fomentarla, (y ya llevamos como media docena o más de éstos), lo único que podría hacerse es que el Ministerio de Cultura rechace el fallo por ilegal. Cuando yo fui Ministro de Cultura, rechacé un Premio Magón que otorgaron porque lo juzgué ilegal. El jurado se mostró de acuerdo conmigo y rectificó el fallo. Es cuestión de atreverse.

Hay un número considerable de creadores que merecen el Magón y no lo reciben porque los no creadores les atraviesan el caballo. Cito de memoria a Samuel Rovinski, Jiménez de Heredia, Julieta Dobles, José Sancho, Ana Istarú, Fernando Durán Ayanegui, Lara Ríos, Marco Aguilar, Carlos Francisco Monge, Hernán Elizondo, Ana Cristina Rossi, José León Sánchez, Mía Gallegos, Armando Vargas, Lil Picado… la lista podría seguir y perdonen los que se me han quedado en el tintero. (Bueno, ya sé que ya no hay tinteros).

Quien cometió un error grave en relación con el Magón fue mi apreciada Aida de Fishman, que lo elevó de 14.000 a creo que medio millón de colones. El Magón no debe despertar la codicia. Ahora la despierta. Laureano Albán me ha contado que, en cierta ocasión en que él figuró en el jurado, se le acercó alguien a ofrecerle compartir la suma si votaba por él para el premio.

La cultura tiene practicantes, pero también patrocinadores, mecenas y organizadores, que merecen un reconocimiento. Creen uno para ellos, y dejen a los creadores literarios, historiadores y artistas en paz con el que se estableció en 1960 para fomentar la creación.

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