Alberto Cañas

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Miércoles 16 Diciembre, 2009


CHISPORROTEOS

Hace unos años, alguien me preguntó cuál, entre todas las leyes perjudiciales que tiene el país debería derogarse de primera, y contesté que la que rige la administración pública, promulgada por Daniel Oduber durante el interregno entre la elección de 1978 y la toma de posesión de Carazo.

Pero si alguien me hiciera la misma pregunta hoy, mi respuesta se dirigiría a la ley de concesiones, que le ha hecho más daño al país que la ceniza de los volcanes.

A esos periodistas que se quejan de que la Asamblea no legisla todo lo que ellos quisieran, conviene contestarles que ojalá no se dedique a legislar a troche y moche, pues generalmente legisla mal, sino a estudiar con cuidado los proyectos y aprobar únicamente los que de veras sean necesarios o favorables para nuestro desarrollo.

Legislar por legislar, no. Y menos, dictar leyes que el país se comprometió en términos generales, a promulgar, a toda carrera, con la prensa metiéndoles espuelas a los diputados, y sin estudiar debidamente las consecuencias perjudiciales que el proyecto concreto pueda traer. Cuando hay un compromiso internacional, existen diversas maneras de cumplirlo, unas mejores que otras. Hay que saber distinguir.

Por ahí anda todavía un proyecto sobre derechos de autor o cosa así, que en el mundo actual poco favorece a los autores, y sí mucho a las grandes empresas editoriales que han adquirido los derechos. Hay que verla con muchísimo cuidado. Y por si de algo sirve, contaré que en 1978 visité Taiwan, amable invitación del gobierno taiwanés de aquel entonces. Allí me pude enterar y me pude aprovechar, de una concesión que los Estados Unidos habían hecho a los taiwaneses, en el sentido de que podían publicar y vender cualquier libro norteamericano sin pagar derechos de autor ni de editor a nadie. Los extranjeros podíamos comprar allí a precios risibles, libros norteamericanos impresos en Taiwan, siempre que la compra no excediera de cierta cantidad de dólares.

Cuento esto para que los diputados sepan que los norteamericanos no siempre han sido tan estrictos en materia de derechos “de autor” como lo son ahora… Al menos, con países que no forman parte de lo que alguna vez llamaron su patio trasero.

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