Alberto Cañas

Enviar
Domingo 13 Diciembre, 2009


CHISPORROTEOS

Ya llegará el momento en que la historia dé su fallo definitivo y desapasionado sobre Rodrigo Carazo.

Sus contemporáneos solo podemos decir que fue una gran persona, un gran costarricense, un caballero a carta cabal y un gobernante desafortunado dadas las circunstancias en que llegó al gobierno, y las crisis que afectaron al mundo durante su administración.

Si lo recordamos como funcionario público, hemos de exaltar y aplaudir su formidable labor como primer gerente del INVU, institución a la que él le dio forma y rumbo. Fue bajo su comando e inspiración que se construyeron las primeras ciudadelas en Hatillo, y se adjudicaron las casas a la personas más indicadas, tras estudiar circunstancias y posibilidades. El INVU floreció. Años más tarde, los politiqueros baratos que vienen predominando en los gobiernos hace rato, inventaron el “bono de vivienda”, instrumento de corrupción y de “compra de votos” mediante el cual se les construiría casa a los que dieron la adhesión (aunque luego votan por quien les da la gana tras decir a los encuestadores, por si acaso, que votarán por los que le dieron el bono). Por supuesto, ya no hay INVU.

Más tarde, cuando tuvo a su cargo Recope, Rodrigo Carazo defendió la refinería contra los ramalazos de la Administración Trejos que, infiltrada por la Texaco, se empeñaba en arruinar a la empresa no petrolera que había ganado limpiamente la licitación respectiva, hasta que la Sala de Casación, en memorable sentencia, revocó los precios de quiebra que el gobierno le fijaba a la refinería que Carazo gerenciaba. Miembros del gabinete fueron condenados a pagar personalmente las costas del juicio, pero Recope desistió de cobrárselas.

El hecho de que como Presidente de la República no lograra éxitos similares, lo atribuyo al gran error que cometió al entrar en coalición (como líder de un pequeño partido que había fundado), con el calderonismo, para un gobierno al que, presidido por él, le impuso el calderonismo un gabinete de lo más mediocre que ha conocido este país.

Eso, que fue lo negativo, no viene al caso subrayarlo hoy. Lo que sí debemos hacer es recordar cómo se le plantó el Presidente Carazo al Fondo Monetario Internacional que pretendió que el gobierno de Costa Rica vendiera los hospitales del Seguro Social, dándole al funcionario del FMI que tal cosa planteó un plazo de 24 horas para salir del país. Y cómo se la jugó entera ayudando a los sandinistas y logrando por fin el derrocamiento de la dinastía de los Somoza. (Nadie se imaginó entonces que una dinastía Ortega, tan cuestionable como la de Somoza, se apoderaría de Nicaragua).

La gran crisis del petróleo afectó a Costa Rica, y el equipo de otro partido que el suyo que rodeaba al Presidente Carazo no la supo manejar, ni el presidente tuvo poder para imponer sus criterios personales. Esto lo pagó con una pavorosa pérdida de popularidad, de la que no pudo recuperarse nunca.

Pero la generación joven lo ha mirado con curiosidad y respeto. Recuerdo concretamente una ocasión el año pasado, en que fue invitado a dictar una charla a los estudiantes de la Ulatina. Allí se lució el orador y se lució el patriota y hombre de pensamiento. Hizo un recuento de su actividad en la lucha contra el TLC, y sé decir que luego, durante muchos días, mis estudiantes casi que no hablaban de otra cosa que de ese ex presidente de la República que los había sorprendido y dejado atónitos, prácticamente boquiabiertos.

Como ciudadano, nunca dio un paso en falso ni apoyó una tesis errónea o dudosa. Como político, nunca dio motivo para que se dudara de su honradez ni de su integridad. Como ex presidente dio un ejemplo total de desprendimiento. Muy poco más se puede pedir de un hombre. Que descanse en paz, y que la posteridad le haga justicia.

[email protected]