Alberto Cañas

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Miércoles 21 Octubre, 2009



Una Bruja en el Río

Mamita Yunai

Gentes y Gentecillas

Marcos Ramírez

Mi Madrina

CHISPORROTEOS
Alberto F. Cañas

Mañana jueves la Academia Costarricense de la Lengua conmemorará el centenario del nacimiento de Carlos Luis Fallas, en una sesión extraordinaria que tendrá lugar en el Centro de México, verdadero hogar de la cultura nacional en los últimos años).

Razones de salud me impedirán estar allí, pero no recordar a ese hombre singular, afable, pintoresco, valiente… (¿cuántos adjetivos más podría agregar?) que fue Calufa.

Lo conocí en 1944. Me acababa de graduar, un mes antes, de abogado, y me enviaron mis compañeros de bufete a Las Juntas de Abangares, a tratar de arreglar una huelga que se había producido allí en una empresa minera de cuyo nombre ya ni me acuerdo, pero de la cual era abogado uno de mis compañeros mayores. Me tocaba asesorar al encargado de la empresa, un buen amigo mío, Amado Jiménez Rosabal, en su discusión con los representantes de los sindicatos: Fallas de la central comunista, y otro buen amigo mío de la infancia, Danilo Jiménez, de la Rerum Novarum.

La huelga no era problema grave, y la empresa estaba en disposición de acceder a las peticiones de los trabajadores, concretas y justas, de modo que el asunto se arregló en pocos minutos, y poco más tarde los cuatro “protagonistas” nos fuimos a cenar juntos. Amado Jiménez se retiró temprano, y los otros tres: los sindicalistas y el abogadito recién graduado, convertimos la sobremesa en mesa de tragos, en la cual Fallas se dedicó a darle bromas cariñosas a la humilde pero preciosa muchacha que nos los servía.

En alguna parte he contado que de esa mesa y de las bromas de Calufa, salió como 15 años después, mi comedia Una Bruja en el Río, que vino a estrenarse en 1977 y obtuvo el Premio Aquileo de ese año. Pero también de ella salió mi amistad cordial con Carlos Luis Fallas, que se acrecentó cuando ambos fuimos nombrados en 1960 en la primera Junta Directiva de la Asociación de Autores, y nos reunimos varias tardes en mi casa con Alvaro Fernández Escalante, también miembro de la Junta, para redactar los estatutos de la asociación.

Carlos Luis Fallas es una figura señera de nuestra literatura. Aunque muchos todavía discuten si Mamita Yunai es o no es una novela, clasifíquenla como quieran, es un libro fundamental para todos los ticos, no sólo por las verdades que cuenta, sino también por la manera directa y emocionante que tiene de contarlas. Luego vinieron sus otras novelas: Gentes y Gentecillas, a mi modesto juicio una de las cinco o seis mejores novelas que se han escrito en este país, la popularísima Marcos Ramírez, y la severa, noble y conmovedora Mi Madrina, libro dicen que semi-autobiográfico, que todo costarricense en su sano juicio debería leer o haber leído. La EUNED conmemorará el centenario de su autor con una edición de lujo de Mi Madrina, que habrá de ilustrar nada menos que Felo García.

La participación de Calufa en la guerra civil del 48, el único dirigente político pro-gobiernista que salió a pelear, fue también noble y con sentido humano. Fernando Ortuño contaba cómo habiendo él caído prisionero de las fuerzas de Fallas, éste le salvó la vida afirmando que el prisionero que habían capturado era otra persona, y no el “millonario terrorista” que algunos afirmaban. Ese solo detalle pinta a Carlos Luis Fallas como ciudadano y como hombre.

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