Alberto Cañas

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Sábado 10 Octubre, 2009


CHISPORROTEOS


A veces me pongo a pensar si el mayor error de la Asamblea Constituyente de 1949 no fue el complacer a don Otilio Ulate en el empeño en que venía de años atrás, de prohibir la reelección de los diputados.

Bien que mal, y tal y de manera harto defectuosa, la Constitución anterior favorecía la existencia de la carrera parlamentaria, y la presencia continuada en el Poder Legislativo de individuos experimentados, muchos de los cuales de mucho sirvieron. En el Congreso de los tiempos anteriores al 48, personajes como Ernesto Martén, Jorge y Arturo Volio, Manuel Mora, José Albertazzi Avendaño, Carlos María Jiménez, León Cortés, Aristides Baltodano, Juan Rafael Arias, Asdrúbal Villalobos, diez ejemplos me parecen suficientes, hicieron largas carreras y en cierta forma lo capitaneaban dada su experiencia.

La carrera parlamentaria se hizo imposible en el desafortunado 49, y lo que ahora vemos es el salto de los tarzanes que se desprenden de una rama para agarrarse de otra, y aprovechan esa otra para desde ella intentar luego regresar a la primera y así sucesivamente, sin que su labor tenga continuidad.
En todo caso nos cansamos de ver señores que pasan de un puesto a otro, lamentablemente sin dejar huella en ninguno de ellos, y últimamente —lo cual es desastroso— dejando un pariente o una parienta cuidándoles o calentándoles la curul mientras se deslucen en un Ministerio o una Presidencia Ejecutiva (lagarto, lagarto) de autónoma. Existen ya compatriotas verdaderamente clásicos en eso de no completar nunca el período para salir corriendo antes a colgarse de otra rama.

Es cierto que la reelección de antes estaba en manos de las cúpulas políticas que fabricaban las listas y que frecuentemente la reelección no se debía a la calidad sino a la sumisión del favorecido, pero así y todo, no se le ponía precio a la experiencia.

Generalmente, los costarricenses hemos desconfiado de eso que llaman “carrera política”, pero esa desconfianza le pone precio a la experiencia, y nos lleva a ver cómo se suceden Asambleas Legislativas de novatos que no saben hacer otra que meter la pata (perdón, quise decir el pie).

En la Asamblea actual hay un buen número de diputados a quienes le convendría al país mantener en sus curules. Pero, bueno, no se puede. Y ya se sabe: lo que no se puede no se puede… aunque algunos en el actual Gobierno no lo crean.

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