Alberto Cañas

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Miércoles 7 Octubre, 2009


CHISPORROTEOS


No sé si podré escribir estas líneas con una objetividad absoluta que no tome en cuenta la congoja que hoy sufren las familias afectadas, pero quiero hacer algunas consideraciones de orden general sobre la sentencia que recayó el lunes en el famosísimo caso Fischel que viene moviendo opinión y opiniones hace cinco años, y que como periodista me enorgullezco de que fuera un periódico el que lo averiguó, reveló, investigó y publicó.

Es cierto que detrás de ese proceso —calificado como el más importante de la historia de Costa Rica hasta entonces— viene otro que lo es todavía más, mucho más importante y grave. Pero así y todo, ha sido y será transcendental.

Como me decía ayer un ciudadano modesto que hace para mí algún trabajo, se ha demostrado que en Costa Rica la justicia es para todos. Que en Costa Rica la justicia no hace diferencias de clase, ni de posición económica, social o política, y que se aplica por igual a todos los habitantes. Un ideal democrático del siglo XVIII que aquí se cumple plenamente.

Pero también hay un elemento adicional, y es que Costa Rica ha demostrado que aquí la justicia no es política. Y eso es sumamente importante.

Por otra parte, la sentencia del lunes es una llamada vigorosa de atención a los políticos activos de hoy en día, a los que rodean las tentaciones y los tentadores. La llamada de atención consiste en hacerles ver que a la larga no hay nada escondido, que todo sale a relucir y que, como decían los niños de mi tiempo (yo entre ellos naturalmente) “la jarana sale a la cara” y todo termina por saberse.

Creo recordar que todo comenzó cuando una señora se quejó ante un periodista de que le estaban negando la comisión a que tenía derecho como agente de bienes raíces, en la venta o alquiler de una casa. Simplemente eso.

El lunes mismo, la prensa de todo el mundo destacaba lo que acabo de decir. Ponía en alto a Costa Rica y destacaba la independencia y pulcritud de sus jueces. De eso tenemos que enorgullecernos todos. Y es imposible no participar de ese orgullo. Costa Rica, que no había dejado del todo de ser Costa Rica, comienza a recuperar el camino para volver a ser Costa Rica.

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