Alberto Cañas

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Miércoles 9 Enero, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Previo el saludo de rigor a mis lectores, a quienes les deseo un 2008 pródigo en felicidades y alegrías, y no les digo, como se acostumbra, que lo quiero próspero, porque francamente estoy aburrido de que todo lo que la gente (no toda pero muy visible) dice en Costa Rica tiene que ver con el dinero y con el becerro de oro que cualquier día amanece sustituyendo a los volcanes y los barquitos en nuestro escudo nacional, paso a ocuparme de algo que si me lo contaran no lo creería, pero no me lo contaron sino que lo leí.

Es la afirmación que ha hecho el diputado Echandi para justificar su adhesión al PUSC en el sentido de que su abuelo, el Coronel Meza (muerto en acción durante la Guerra Civil del 48), falleció luchando por el doctor Calderón Guardia.

Si el coronel Meza era un militar pundonoroso, como se estilaba decir en aquel entonces, estaba al servicio de un gobierno, y no al de un partido político; de un presidente, y no de un candidato que se negaba a aceptar una derrota electoral. Y si Figueres se había alzado contra el gobierno (si gobierno era) de Picado, los militares habrían de estar defendiendo a ese gobierno, y no a un político. Ahora bien, si eran militares de un partido y de un candidato, en buena hora se levantó Figueres en armas.

He leído con satisfacción que algunos de los diputados que condenaron en el 2004 a Alex Solís y lo destituyeron (mediante una moción de orden) del cargo de Contralor General de la República, le están pidiendo perdón y admitiendo que aquello fue una emboscada politiquera injustificada y carente de razón, pariente muy cercana del intento años atrás de involucrar a José María Figueres en un asesinato. Algunos, además, creemos que el asunto iba dirigido contra su hermano Ottón, cuya inminente segunda candidatura presidencial amenazaba ciertas ambiciones y a ciertos políticos dados a esa clase de estratagemas.

La verdad termina por imponerse, y es propio de los costarricenses de bien el hacer lo que han hecho esos ex-diputados: decir públicamente que actuaron mal y pedir perdón. Eso es actuar a la tica, no lo que sucedió en el 2004, que no tuvo precedentes y espero no tenga imitadores.

Le agradezco al señor cónsul general de Cuba, don Jorge Rodríguez Hernández el que se haya ocupado de alguna columna mía. Yo sé que sobre todas las materias, incluso sobre lo que se entiende por democracia, hay distintas opiniones. Y que no hay normas de derecho que establezcan un modelo único. Pero dentro de esa variedad, mi concepto de democracia no admite el partido único, porque con partido único no hay posibilidad de escoger, y la democracia, (creo yo humildemente) implica el derecho de escoger, además de que se deja a una porción del pueblo sin posibilidad de expresar sus opiniones mediante el voto. Si el señor cónsul y yo coincidimos en que sobre todas las materias hay distintas opiniones, es de esperar que coincidamos también en que se les debe permitir expresarse. Espero que creamos ambos que sobre el tipo de gobierno y sobre las personas que lo van a ejercer también hay siempre distintas opiniones. Imponer una y no permitir las otras y declararlas fuera de la ley, no constituye una democracia, que implica el derecho de cada ciudadano a expresar su modo de pensar, cosa que no ocurre en las dictaduras. Le respeto al casi sexagenario gobierno de Cuba el haber acabado con una ignominiosa dictadura, última de una serie de militaradas corruptas que convertían a Cuba en el playground de los gangsters. Pero es el gobierno más largo en la historia de nuestro hemisferio y no les ha dado oportunidad, en 59 años, a los que piensan distinto, de expresarlo públicamente. En dos platos, que no creo en una democracia que no permita la expresión política de las minorías.

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