Alberto Cañas

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Miércoles 12 Diciembre, 2007

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Visto lo que le ocurrió al exquisito discípulo de Carreño, y émulo de las cortesías y buena educación de Versalles, y lo que sucede en Nicaragua todos los días (cuando no dos veces al día), cabe que reafirmemos nuestra fe en la democracia, y en que la alternativa al capitalismo salvaje que el Vaticano ha condenado, no tiene que ser necesariamente la demagogia anti-imperialista de siempre. 

Costa Rica ha sido un país donde los demagogos no han logrado hacer carrera, y como tampoco pueden hacerla los inexistentes militarotes, puede que seamos el que mejor oportunidad tiene de salir del marasmo y del charco envenenado en que vienen empeñados en meterlo.

Cuando se da uno cuenta de que los que hablan de desarrollo sólo piensan en desarrollo económico, ignoran el desarrollo social y cultural, y estiman, por ejemplo, que la sustitución de nuestras tradicionales sodas de garage por la cadena McDonald’s es un progreso, se confirma en la idea costarricense de siempre: el progreso y desarrollo de Costa Rica deben estar a cargo de los costarricenses.
Es cierto que los extranjeros podrían ayudar (aunque nunca se supo como ayudó Minor Keith si es que ayudó), pero recuerdo muy bien el regocijo con que todos encabezados por don Pepe que estaba de presidente) recibimos la fundación de Namucar por un norteamericano residente aquí. Fue en esa ocasión cuando nuestro viejo líder pronunció su famosa frase de que es peligroso introducir ballenas en una laguna.

La nacionalización bancaria tuvo como efecto (y yo creo íntimamente que como propósito), fomentar la pequeña empresa y sacar de San José el centro de las inversiones para que las hubiera en todo el país y surgiera, como surgió, una clase media rural que ahora creo amenazada. Luego los bancos cayeron en manos de cierta ideología y ese propósito se desvió, pero creo que es recobrable.

Conviene que nos convenzamos de que no es cierto que el modelo socialdemócrata que Costa Rica adoptó, con el consenso expreso de sus votantes manifestado elección tras elección, esté agotado, como pregonan hace veinte años.
Basta saber (recordar no: saber), que en los países escandinavos. Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia, ignoro si Islandia) sigue funcionando, vivito y coleando, y lo mismo en Israel. Y que en Costa Rica todavía funcionaría a la perfección si sucesivos gobiernos no hubieran introducido en las instituciones, a adversarios jurados de ese modelo, con deseos de sabotearlas, como sucedió en el ICE con los que fomentaron el Combo, cuando no de saquearlas, como le sucedió a la Caja Costarricense de Seguro Social.

La consigna debe ser recuperar las instituciones y que vuelvan a trabajar eficientemente. Revivir el Ferrocarril al Pacífico aunque se oponga el lobby de los furgoneros, sacar de su sopor al Ministerio de Obras Públicas, abandonar el empeño de aprobar a la carrera proyectos de ley polémicos mediante maniobras y casuísticas reformas reglamentarias, devolverle a la Asamblea Legislativa su condición de primer poder de la República, hoy ostentada por una dependencia del poder judicial, ni siquiera por el poder judicial mismo…. Y así muchas otras cosas.

Sobre ellas hay que buscar consensos, cosa no difícil. Y sobre todo, dejar de pensar exclusivamente en el becerro de oro y en el espejismo del “desarrollo” basado exclusivamente en la bondad, generosidad y altruismo de los grandes bancos y transnacionales. No solo de pan vive el hombre.

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