Alberto Cañas

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Miércoles 5 Diciembre, 2007

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Es difícil que en los últimos años haya recibido la democracia latinoamericana una noticia mejor que la del resultado del plebiscito que convocó el energúmeno que manda en Venezuela.

Difícil en lo que atañe a la democracia. Imposible en lo que tiene que ver con la urbanidad, la cortesía, las buenas maneras y el respeto al prójimo.

Quedan aún, lamentablemente, algunas mentes ingenuas y desorientadas a las que les basta con que ese patán se haya declarado enemigo, no sé si del actual régimen norteamericano o de los propios Estados Unidos, para que lo tengan como digno de elogio, y hasta se enojen por lo que el rey de España le dijo en buena hora, y el 51% de los votantes venezolanos le repitieron el domingo: ¿Por qué no te callas?

Hace rato que ese discípulo de Perón (demagogo, militarista y dictatorial) viene dando qué hacer y cometiendo disparates, que han culminado en la formación de ese terceto con vocación de dictadura que hoy integra con los capataces de Cuba y Nicaragua, aunque de ellos solo Fidel Castro la haya conseguido plenamente, y ya va a cumplir 49 años en el poder, lo que lo convierte en el dictador más duradero que conoce la historia.

Tengo para mí que los presidentes de Bolivia y Ecuador (principalmente este último), no están muy de corazón con el discípulo de Carreño que manda en Venezuela, y que (como el argentino Kirschner) simplemente se están aprovechando de sus locuras.

Lo importante es que uno de los demagogos más descarados que haya contemplado América, ha sufrido una derrota. Y estaba seguro de su triunfo. Pero admitamos que, después de lo que les pasó a las dictaduras chilena y uruguaya, que tuvieron que rendirse ante el resultado de un plebiscito, el venezolano debió estar preparado para lo que le ha sucedido. Moraleja: Si eres dictador, militarote, mandamás o simple tirano, no convoques plebiscitos.

Venezuela se ha salvado de que Chávez reforme la Constitución para que ella le permita reelegirse indefinidamente (cosa a la que ni Juan Vicente Gómez ni Marcos Pérez Jiménez aspiraron) y cometer otras barbaridades propias de los autócratas analfabetos latinoamericanos. Lo que nos resta por saber es qué puede pasar ahora, que el interruptor oficial de oradores ha perdido la partida.

¿Se salvará Venezuela? ¿Irán las fuerzas armadas de ese país a recuperar su tradición golpista y antidemocrática para respaldar a Chávez?

No se sabe. Pero indudablemente el domingo 2 fue un triunfo de la democracia, de la cortesía, de la urbanidad, de la buena educación, de todas las cosas que distinguen a la democracia como la versión política del respeto al derecho ajeno.

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