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Martes, 20 de agosto de 2019



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Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 10 junio, 2009



Chisporroteos


Ahora que pasaron las convenciones (aunque no estoy seguro de que la del PLN fuera una convención y no un plebiscito nacional), se calman los ánimos dentro de los partidos políticos.

Suele hacerse una gran alharaca sobre la cantidad de gente que acude a una de esas cosas que aquí han dado en llamar convención abierta. Valdría la pena saber si la cantidad de gente que llegará a votar en febrero por el partido que la organizó será igual a la que acudió a la charanga, o sensiblemente menor. Yo tengo la idea de que siempre es menor. Que muchos se meten a la convención del partido que no es el de ellos, con el fin de que ese partido tenga el candidato a quien el del partido de ellos pueda derrotar con más facilidad.

En esas condiciones, el resultado de una convención no puede estrictamente interpretarse como expresión de la voluntad del partido que la organizó. Y por lo tanto, carece de valor estadístico, incluso para el propio partido y para el pre-candidato que salió triunfador.

No sé de ningún país en el mundo donde se celebren convenciones de partido con la participación de gente de otros partidos. En primer lugar, el resultado no siempre puede garantizarse que represente el sentir de los partidarios, puesto que va mezclado con el de quienes no lo son. En segundo lugar, el número de votantes que participan, no tiene ninguna relación con la fuerza electoral que el partido puede tener el día de las elecciones. De allí que me parecen absolutamente falsas todas las consecuencias que la prensa o los políticos quieran deducir del tamaño de la votación, y aún de su resultado mismo.

Ya alguna vez expresé mis dudas sobre la histórica convención del Partido Unión Social Cristiana en el 2002, cuando el pre-candidato favorecido por el líder absoluto e indiscutido del partido, o sea Rodolfo Méndez Mata, fue derrotado por un pre-candidato, Abel Pacheco, a quien ese líder absoluto e indiscutido, o sea Calderón Fournier, repudiaba. No es posible, prudente ni inteligente pensar que fue gente del PUSC la que, rebelada contra su líder indiscutible, le propinó una derrota a su pre-candidato personal.

Recuerdo que con esa participación de gente ajena al partido, para la elección de 1986 vino ungido por las distritales y la cantonal de San Carlos como candidato a diputado por el PLN, un señor de quien me informó gente de mi confianza que era un miembro activo del PUSC. Algunos delegados a la Asamblea Nacional comenzamos a investigar, hasta que los delegados de San Carlos nos confirmaron que efectivamente esa persona había sido escogida en distritales y demás yerbas, pero que nunca había sido adherente de Liberación. Por supuesto, denunciamos el hecho dentro de la Asamblea Nacional, y el infiltrado no ocupó curul liberacionista en 1986.

Estas infiltraciones son tan graves para la vida democrática del país y para su vida política en general, que a mi juicio eso que llaman “convenciones abiertas” (término que se contradice a sí mismo), deberían estar prohibidas en el Código Electoral para que las convenciones sean verdaderas convenciones cuyo resultado responda a la opinión de los adictos al partido que la organizó y no gente ajena a él infiltrada mediante una firma que después no va a respetar. Que en las convenciones sólo puedan participar quienes han firmado con cierta anticipación una adhesión al partido y comprometido una contribución regular aunque sea mínima, y que, aunque el pre-candidato de ellos no resulte escogido, votarán en febrero por el partido porque verdaderamente están adheridos a él. Me importa un comino lo que diga la ley, pero no votar en febrero por el partido en cuya convención se introdujeron, en términos de ética y de moral es un fraude indecente.

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