Alberto Cañas

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Sábado 16 Mayo, 2009


CHISPORROTEOS


He leído, casi que con entusiasmo, lo que mi compañero de página don Tomás Nassar ha escrito en relación con esa señora, renegada de su patria y al parecer muy apreciada afuera, que se viene dedicando desde hace años a refocilarse hablando pestes de Costa Rica, y logrando así que la prensa (¡nuestra prensa!) le conceda enormes espacios que su valor artístico amerita poco, pues no pasa de ser una cantante populachera más, entre los centenares que en el mundo han sido y son. Y que de paso escribe o hace escribir su nombre con v, cuando todo el mundo sabe que se escribe con b.

(Bueno, algún amigo mío, que no coincide con mis ideas, me propuso alguna vez que hiciera que me llamasen don Veto).

Mientras tanto, verdaderos valores costarricenses nos prestigian con su sola presencia en los más altos y respetables círculos, como Jiménez de Heredia llenando con sus esculturas las calles de Roma, Gastón Fournier luciéndose como director de la Scala de Milán, el teatro más famoso de Europa, Iride Martínez a quien pide Plácido Domingo como compañera suya en las grandes producciones operáticas europeas. Todo ellos quieren a Costa Rica, Costa Rica los quiere a ellos.

Todavía nadie ha dado una explicación plausible al hecho de que a un periodista le decomisaron las fotografías que tomó cuando el accidente del helicóptero. ¿Será esa manera de comportarse las autoridades lo que quiso decir don Oscar Arias cuando habló de “tiranía dentro de la democracia”?

Y en relación con ese accidente y con la desaparición de algunas cosas que venían dentro del helicóptero, y ante la cantidad de dinero, de fuerza y de persuasión de que hacen gala los negociantes de la droga, ¿qué puede en realidad hacer nuestro indefenso país, que ni policías tiene?

Seamos francos: Costa Rica no tiene la capacidad ni los medios para enfrentarse a lo que viene ni a lo que se le viene. Y la única solución para el horripilante problema de la droga, es la que los Estados Unidos encontraron en 1933 para el horripilante problema que tuvieron con el licor: lo legalizaron. Legalizar la droga es la única solución. Ya Holanda lo hizo, y no le ha ocurrido nada, salvo que ahora la droga está controlada y vigilada allí, se vende en las farmacias mediante receta médica, y su precio está controlado, de manera que para los traficantes multimillonarios Holanda dejó de ser un buen mercado.

La verdad de todo es que el país que debería legalizar eso de primero, es Colombia, con lo cual lograría un control del asunto. Pero Costa Rica debería ya estar dándole vueltas y considerar la posibilidad de legalizar, con lo cual el negocio deja de ser tan suculento aquí como lo ha sido por ejemplo para aquel señor a quien en estos días iban a soltar. El Dr. Luis Carlos Ramírez lo dijo el otro día en La Nación, y me sumo a sus argumentaciones. Si alguien tiene una solución mejor que legalizar, que se ponga de pie y la exponga. Y si tiene buenos argumentos contra ella, que los esgrima. Pero urge un debate nacional sobre esto.

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