Alberto Cañas

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Miércoles 22 Abril, 2009


Chisporroteos


En estos días se viene discutiendo la libertad condicional o bajo fianza que un tribunal le ha concedido a nuestro célebre y nunca bien ponderado Ricardo Alem quien, tras cumplir una condena por narcotráfico, reincidió y está procesado de nuevo.

Aparentemente, el juzgado se dio por satisfecho con una fianza de millones, posiblemente pensando que perder esos millones iba a preocupar muy poco al famoso personaje, que si los pierde los podrá recuperar en 15 días.

Y, por supuesto, la decisión de que disfrute plenamente de su libertad, estará basada en alguna disposición de ese paraíso de tinterillos que es nuestro Código de Procedimientos Penales.

Dentro de esa mentalidad que le da más importancia al derecho que a la justicia (como si el derecho fuera algo más que una manera de buscar la justicia), probablemente todos los incisos imaginables estarán cumplidos con la libertad y la fianza. Lo que falta saber es si a la sociedad le conviene o le sirve que un narcotraficante de semejante calibre goce de libertad para insistir en su delincuencia.

Por lo pronto, lo que a la sociedad costarricense le interesa es que Alem no narcotrafique, incisos o no, para seguridad nacional. Y aquí se ve un total olvido de los derechos de la sociedad. De alguna manera, los derechos individuales están siempre limitados por los derechos de la comunidad. Es sabido que la libertad de expresión no autoriza a nadie a gritar “incendio” en un teatro. Pero en el caso de los delincuentes, en Costa Rica hace tiempo que los intereses de la comunidad no cuentan. Adelante, pues, con los faroles narcotraficables y que vivan las tinterilladas.