Alberto Cañas

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Sábado 1 Noviembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas


Leí en La Nación de ayer un comentario sobre el Ballet Nacional de Rusia que sostuvo una temporada de dos días en ese teatro al que me cuesta mucho no llamar Raventós, y se queja de la poca asistencia que hubo la primera noche, el miércoles pasado.

Asistí a la segunda función, la del jueves, en un teatro repleto, de bote en bote, donde no cabía un alfiler, entre un público que al terminar la función no cesaba de aplaudir, de vitorear, de aclamar, de gritar “bravo”, ante un espectáculo como no recuerdo que haya habido (o que yo haya visto) uno mejor en esta ciudad, en una ovación que duró casi un cuarto de hora.

Una antología de fragmentos de ballets clásicos y ballets modernos, de ballets réqueteconocidos y de ballets desconocidos u olvidados, permitió el lucimiento espectacular de once auténticas estrellas de dimensión mundial. Un conjunto como solo recuerdo haberlo visto en Nueva York y en la propia Rusia.

Valdría la pena averiguar, investigar, enterarse de por qué la gente no llegó el miércoles pero atiborró el teatro el jueves. No sé por qué medios, pero una discreta encuesta a determinado nivel aunque no sea científica, podría ser útil e informativa.

Que este formidable espectáculo no se haya presentado en Teatro Nacional sino donde se presentó, se debe, supongo, a que la mayor capacidad de ese que llaman Melico permite que el costo del espectáculo se divida entre más gente, y por lo tanto, el precio de la entrada sea menor.

Esa fue la razón que nos indujo a algunos a plantear y ejecutar la compra del viejo Teatro Raventós. Su capacidad inicial, que según algunos era de 2.700 y según otros de 3.200 espectadores, permitiría que un espectáculo de alto costo se pudiera presentar allí a precios menores que los que los 1.000 asientos del Teatro Nacional harían posible.

Desgraciadamente, la torpe remodelación de que hicieron objeto el Raventós, (lunetas más anchas, etc), le redujo considerablemente su capacidad, que en estos momentos alguien me dice (aunque no lo creo), que no llega a 2.000, lo que disminuye la razón de las razones que hubo para comprarlo.

Así y todo, hay un empeño que aplaudo, de que el Melico funcione, de que presente espectáculos de alta calidad a un precio que el Teatro Nacional no permitiría.

Fue un hermoso gesto de estos artistas, visitar la escuela de ballet que aquí sostienen compatriotas suyos, y que está dando ya asombrosos frutos en el terreno de la danza clásica, ya que la compañía del Ministerio de Cultura se limita a la danza de técnicas contemporáneas… que es como si la Compañía Nacional de Teatro, cuando existía, se hubiese limitado a un repertorio a partir de Ionesco, o la Orquesta Sinfónica a partir de Stravinsky.

Bien, me congratulo de que un espectáculo de tan indescriptible categoría como el Ballet Nacional de Rusia se haya presentado en el teatro que podía fijar un precio de entrada más moderado. Pienso que si hubiera llegado al Teatro Nacional, solo los corifeos del TLC podrían haber pagado la entrada.
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