Alberto Cañas

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Sábado 4 Octubre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Desde que Ottón Solís dio a la publicidad el plan sobre la actividad portuaria de Moín, elaborado en una reunión en la Universidad Earth a la que concurrieron las cámaras, el sindicato de Japdeva, personeros del Partido Acción Ciudadana e incluso gente del gobierno, plan que, con tozudez digna de mejor causa, el líder del PAC sometió a conocimiento de don Oscar Arias, yo estaba convencido de que el presidente Arias lo rechazaría.

No porque fuera un proyecto sencillo y no un enredo lleno de aristas, sino porque la Casa Presidencial se iba a sentir obligada a consultarlo con los mil eminentes ciudadanos que elaboraron el sesudo, patriótico y comprensivo programa de gobierno del Partido Liberación Nacional para el 2006, que con tanto empeño y sin cejar ha venido realizando, cumpliendo e impulsando el actual gobierno.

Y era de cajón, que entre las mil eminencias a algunas no les gustaría el proyecto, y lo rechazarían. Sobre todo porque es evidente que entre los mil sabios hay un fuerte sector que estimula espera, programa e impulsa las privatizaciones, y el proyecto de que estoy hablando, aunque propone que una nueva obra la construya la empresa privada (ya que no hay Ministerio de Obras Públicas), no privatiza ninguna de las que son públicas.

Por otra parte, los 1002 (mil eminencias más dos Arias) han venido rechazando toda idea que no provenga de su propia intimidad, y no iban a hacer una excepción en este caso dado que ya está visto que ninguna idea que no provenga de la intimidad arista del PLN, cuenta con el respaldo ni con el apoyo del gobierno. La democracia es otra cosa: es decir que sí a lo que propone el gobernante. Y no a lo que proponen otros.

Instituciones tan importantes en el país como AyA, la Editorial Costa Rica y el Banco Popular, no podrían ser fundadas ahora, porque son instituciones que fueron propuestas, en su oportunidad, por diputados de oposición, y ya se sabe que los diputados de oposición no deben presentar proyectos (a lo mejor tampoco mociones) y tampoco oponerse, porque oponerse es obstaculizar, y presentar proyectos es entrometerse.

Y, claro, no es que don Oscar sea privatizófilo. Los que propugnan las privatizaciones son los 1.000 sabios redactores de programas de gobierno, y claro, una pelea entre uno y mil es muy desigual, o como decían los chiquillos de antes, muy poco comparada. El uno tiene que rendirse antes los 1.000 porque, entre otras cosas, la democracia es el gobierno de las mayorías…, aunque a veces baste el 40 por ciento para ser gobierno. Gobierno de minoría, se entiende, o entendemos los tontos.

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