Alberto Cañas

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Sábado 27 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas


Ahora resulta que, una vez que nuestros ínclitos negociadores les ofrecieron a los Estados Unidos abrir los seguros (monopolizados desde 1925), ahora son los Estados Unidos los que están (habrá que inventar un verbo) desprivatizando los seguros. Y casi, casi nacionalizando bancos que están al borde de la quiebra.

Una especie de New Deal que, a diferencia del de 1933, no es para remediar un desastre, sino para evitar que se repita el de 1929.
Porque la verdad sea dicha, y la historia lo demuestra, una de las funciones del Estado viene siendo en los últimos tres cuartos de siglo, la de remediar los impulsos suicidas de los nunca satisfechos capitalistas especulativos (a los que no hay que confundir con los inversionistas que montan una empresa, sea una industria o una pulpería).

El gran economista John Kenneth Galbraith sostenía, y en esta columna lo he consignado infinidad de veces, que no toda empresa privada es capitalista. Capitalismo, para él, es un sistema de sociedades anónimas con acciones al portador que se cotizan en una bolsa de valores. El símbolo del capitalismo no es la empresa sino la bolsa.

Y ponía el ejemplo de las economías agrícolas, como ha sido la nuestra y por más que nuestros “estadistas” se empeñen no puede dejar de serlo, salvo que siga la terquedad de fomentar la emigración rural hacia las ciudades con las tremendas consecuencias de vicio y hampa que estamos viendo, economías que son de empresa privada pero generalmente de empresas de propiedad familiar cuyas acciones no son objeto de especulación bursátil.

Lo que se ha intentado con mucha fuerza en Costa Rica, es implantarle a una economía de empresas pequeñas y familiares, usos costumbres de las economías capitalistas. Y como tal cosa no es posible (y yo agregaría que no es sensata) dentro de la manera de ser particular y característica del pequeño inversionista costarricense, importar empresas transnacionales a pito y caja para que ofrezcan empleo a los que durante décadas quisimos convertir en propietarios.

Y ha habido tontitos que sinceramente y de buena fe creen que eso puede ser útil para el país y para sus habitantes, y nos ponen el ejemplo de Singapur (que no es un país sino un puerto), olvidando lo que los estadistas costarricenses nunca habían olvidado: que un país no es simplemente un territorio (que se vende a tanto el metro cuadrado), sino una población, una Nación, una comunidad humana.

Y olvidando también, que es tan grave como lo anterior, que Costa Rica ha sido, desde antes de la independencia, un país de numerosos propietarios, de pequeñas haciendas, sin latifundios, y que hace veinte años venimos olvidados de eso, aconsejados por economistas de misa y olla que se han dado el lujo de decir, por ejemplo, y desde un ministerio, que el problema de nuestro país es que las propiedades son pequeñas, cuando lo que nos hizo grandes respetados y democráticos fue precisamente la pequeña propiedad, que nos permitía contrastarnos con El Salvador por ejemplo. Lo que pasa es que aquí hay influyentes economistas que sólo de economía saben y desconocen su país y su historia, e ignoran qué fue lo que hizo que Costa Rica se distinguiera, que viviese democráticamente, y que encabezara la alfabetización y la salud latinoamericanas.

Ahora, con el gobierno de Estados Unidos interviniendo bancos y empresas aseguradoras para proteger a sus propietarios, hay aquí una cantidad de gente que se ha hundido en un profundo silencio del que no saldrán, supongo, hasta que en enero haya un nuevo gobierno en Washington, y puedan saber si va a serles útil seguir en la misma cantada que han venido, o amoldarse a una nueva situación mundial. (Lo que sucede en Washington es necesariamente mundial).

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