Alberto Cañas

Enviar
Miércoles 24 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Leído lo que ha dicho Miguel Angel Agüero en su columna sobre el diputado Alberto Salom, le pregunto: ¿Qué opinión le merece la actuación de don Mario Echandi cuando fue diputado?

No me había enterado de esto, pero un amigo anónimo me ha enviado por correo un recorte de periódico, en el cual leo que el Colegio de Médicos y Cirujanos solicitó que se librara de multas a los médicos que por razones de trabajo necesiten trasladarse en sus vehículos en áreas y horarios de acceso restringido. Y la respuesta que le dieron al colegio en el Ministerio de Obras Públicas, es que lo que solicitan no se puede porque los médicos no están exceptuados en la normativa del decreto 34620.

Hombre, haberlo dicho antes. Lo que el Colegio de Médicos precisamente pidió fue que reformaran el decreto 34620, cosa que el Poder Ejecutivo puede hacer de un solo plumazo y en menos de cinco minutos. ¿Será que en Obras Públicas no están enterados de que los decretos ejecutivos los puede reformar el Poder Ejecutivo en cuestión de minutos?

Es como el cuento del chiquito que le dijo a su madre: “Mamá, ábrame la puerta porque quiero salir”. Y la mamá le contestó: “No puedo porque la puerta está cerrada”.

Hace días que los redactores de La Nación vienen insistiendo en confundir el origen con la nacionalidad. Y en cualquier información que redactan salta la confusión.

El domingo pasado informaron del lamentable accidente que sufrió una de las artistas del circo ruso que está instalado en Zapote. Y la identificaron como “de origen ruso”. Y en otra página, hablan del guitarrista Jorge Luis Zamora, que se lució tocando el “Concierto de Aranjuez” con la Orquesta Sinfónica, como “de origen cubano”.

Nada de eso: la artista del circo es de nacionalidad rusa y el guitarrista es de nacionalidad cubana. De origen cubano es, por ejemplo, el expresidente Rodrigo Carazo, cuyo bisabuelo era cubano. Y de origen ruso son las familias Egloff y Gordienko (aunque me parece que estos últimos deben de ser más bien ucranianos).

Los redactores de La Nación no son de origen costarricense, sino de nacionalidad costarricense. La palabra origen se refiere a los antecesores de una persona, no a la nacionalidad de ésta.

Es de aplaudir el esfuerzo que ha hecho la Opera de Cámara de Costa Rica, al presentar, por primera vez en este país la breve ópera “Sor Angélica” de Puccini (prefiero traducir al español el título como se hace con casi todas las que tienen título traducible), obra de gran belleza que recientemente ha adquirido auge. La producción fue necesariamente modesta: una escenografía que apenas pretendía ambientar. Pero lo importante es que la orquesta sonó bien y que las nueve cantantes (el reparto lo componen solo mujeres) se lucieron. Hay que destacar, por supuesto, a nuestra infatigable y entrañable Anayanci Quirós, que nuevamente se lució, como en tantas ocasiones anteriores, cantando como un verdadero ángel.

Por supuesto, porque es imprescindible, esto tuvo un apoyo que supongo modesto, del Banco Nacional. Fue una lástima que las autoridades culturales no hubieran contribuido siquiera con la centésima parte de lo que se lleva el podador de óperas cada vez que viene a destruir una. Y por dicha hemos visto “Sor Angélica” montada correctamente por un director costarricense: Mario Sanabria, sin esperar a que venga el podador a montarla protagonizada no por monjas sino por obreros de la construcción en overoles.


[email protected]