Alberto Cañas

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Sábado 20 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas


Es terrible eso de ver que la mazorca se desgrana, sobre todo cuando llega el momento en que el desgrane es enorme y van (o vamos) quedando pocos granos en la mazorca.

Hace pocos días lamenté aquí la desaparición de mi amigo, auténtico hermano Roberto Fernández Durán. Hoy vengo a recordar a otro compañero de bachillerato, otro miembro de la famosa generación de bachilleres del cincuentenario del Liceo de Costa Rica (1937): Ulises Odio.

Nunca compartimos aula. Estábamos en grupos distintos. Creo que él era del B mientras que yo era del C. Algo así. Pero nuestra amistad se afirmó cuando entramos juntos a estudiar derecho, y compartimos, entonces sí, aula, cursos y con frecuencia libros.

Pero en este momento, lo que importa no es nuestra cordial relación de universitarios. Lo que interesa es recordar y reafirmar que Ulises Odio fue un gran juez, luego un notable magistrado, y finalmente un Presidente de lujo para la Corte Suprema de Justicia. Asumió ese último cargo al fallecer Fernando Coto Albán y la verdad es que los años consecutivos de ese singular binomio, fueron de esplendor y gloria para la justicia costarricense, y para el Poder Judicial.

Ulises Odio fue una de esas personas de cuya amistad uno se ufana y se enorgullece. Y en esta época en que el Poder Judicial y su independencia han caído en entredicho y venido perdiendo la confianza de los costarricenses, es bueno que personas y funcionarios como él se destaquen, se recuerden, se subrayen. Porque fue uno de esos hombres que, puestos a servir a la Patria, la sirven sin servirse de ella. Su ciencia y su honestidad personal fueron ejemplares.

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