Alberto Cañas

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Sábado 13 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

El tortón que se jaló la Sala Cuarta el jueves pasado es como para volverse loco, no solo por lo inesperado, sino por las consecuencias que de él pueden derivarse sin conexión ninguna con el contenido del Tratado de Libre Comercio.

La verdad de todo esto es que tanto se había dicho y tantas sospechas había despertado el Poder Judicial, de estar prácticamente sometido al Poder Ejecutivo o por lo menos de poner más atención de la cuenta a los deseos de Zapote, que ya la gente les estaba perdiendo su fe a los tribunales, que es lo más grave que le puede suceder a un país que se dice, se sabe o se cree civilizado. Incluso los jueces se estaban ya rebelando.

Desde el cuartelazo sin cuartel que reformó el artículo 132 de la Constitución ignorando el 195, la Sala Cuarta y por ende la Corte, ha venido dando tumbos, y la desconfianza estaba creciendo, hasta que el jueves pasado la cosa cambió de color. Se le comenzó a desteñir el verde y volvieron el azul y el rojo a ocupar el lugar que les corresponde.

El fondo del asunto no me interesa mayormente aunque es claro que la sumisa mayoría legislativa de tan fuerte testuz, se negó a considerar los derechos de los indígenas, consignados en un tratado que es tan tratado como el otro, según lo pidió el diputado Merino. Pero la mayoría parlamentaria metió cabeza en su obsesión de dar prioridad a lo que dicen urgente sobre lo que es importante. Y ahora la Sala le ha dado una buena lección al famoso G38, precisamente en el punto, los derechos de propiedad intelectual, que más ha preocupado a los ciudadanos pensantes por lo que tiene de garifo y angurriento.

El magistrado suplente Sosto tuvo el buen juicio de atender la respetuosa instancia de esta columna y renunciar a su cargo, vista la protesta pública que no quería ver a un magistrado en funciones funcionando simultáneamente como asesor presidencial, y esto ha calmado muchos ánimos. Pero ahora se les plantea a las fuerzas progubernamentales un problema que rara vez resuelven con cordura: qué hacer. Pedir un nueva prórroga a los Estados Unidos es lo lógico y no dudo que Washington la concederá, dado que sabe que en Costa Rica las cosas han sido distintas de lo que son en otros países de por aquí, y porque sabe también que Costa Rica ha sido un país amigo de ellos, no por la fuerza de las armas, sino porque el pueblo costarricense, a pesar de William Walker y de que se niega a olvidarlo como lo ha olvidado el gobierno de turno, los admira y los quiere. (Recordemos la frase de don Pepe: Prefiero al norteamericano sin plata que la plata sin norteamericano.)

Una cosa un poquillo incierta para el gobierno de Costa Rica, es que, si le conceden la prórroga, cuando el asunto termine aquí ya habrán pasado las elecciones en los Estados Unidos y no puede la administración Arias saber cuál, si gana Obama, va a ser la política del nuevo gobierno de Washington en cuanto a ciertos aspectos de nuestro famoso TLC que evidentemente no les gustan a los demócratas. ¿Serán ellos los que pidan una nueva negociación o un nuevo tratado? Imposible saberlo.

En todo caso, independientemente de esas cosas que dejo dichas, lo que subrayo y celebro es que el Poder Judicial haya declarado paladinamente su independencia del Poder Ejecutivo, que muchos (me incluyo y lo confieso) veníamos poniendo en duda.

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