Alberto Cañas

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Sábado 6 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Bueno, amigos míos, ya es inevitable. Todos los días aparece una cosa rara.

Antiguamente (cuando se usaba el ombligo en la frente pero hubo mudanza y se bajó a la panza), el que quería adquirir bonos de la deuda pública, interna o externa, simplemente llegaba a la ventanilla respectiva del Banco Central (o del Nacional antes de 1951), y los compraba. Eso era todo.

Ahora, a lo que parece, se necesita un intermediario (que no es necesariamente gratuito porque en Costa Rica ahora lo que no crea o produce comisiones para alguien no es válido o simplemente no existe), y si el intermediario es un banco, por supuesto no será un banco nacional (horrenda antigualla) sino un banco privado, lo más privado que se consiga, pues al fin y al cabo es feo que un banco nacional, que es parte del Estado, le cobre comisiones al gobierno. Y de paso, se procura por todos los medios imaginables, mantener la operación en secreto. ¿Por qué? Porque el secreto, como los intermediarios, las comisiones, las consultorías, los redactores externos y pagados de leyes y decretos, y los guitarristas, está de moda.

Y no hay nada más grave en este siglo XXI de mis pecados, que estar pasado de moda. Hay que seguir la moda. El Padre Minor Calvo quiere reanudar el programita de radio que le trajo una pena de prisión, desde la prisión. Los presuntos derechos de los delincuentes son parte de la moda. Los de sus víctimas no tanto.

Otra moda muy simpática, sobre todo en determinados círculos políticos, es que, como ahora se sabe bien cual partido nombró a cual magistrado, y así puede uno enterarse de la filiación política de cada juez, es dedicarse a formular incidentes procesales en los juicios de que uno es parte, hasta lograr, así sea jadeando, (por supuesto no siempre se logra pero por intentar no le cobran a uno) que el juez que los falle sienta que nos debe algo, como por ejemplo su posición (aunque sea por una carambola de cuatro bandas) y sienta gratitud por nuestro partido. Claro, que, como consta en autos, de pronto algún magistrado sale güero.

Siempre he sido partidario de que todo candidato a la Presidencia de la República deba, obligatoriamente, ser candidato a diputado, de manera que en la Asamblea Legislativa estén presentes los verdaderos lideres de los partidos y no los sucedáneos como suele ocurrir. La inmunidad de que gozan los diputados, lleva todos los visos de conseguir que esa obligatoriedad se incluya en el Código Electoral antes de la elección del 2010.
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