Alberto Cañas

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Miércoles 27 Agosto, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Es una barbaridad (me he sentido inclinado a escribir barbaridad con B mayúscula), lo que ha hecho el gobierno al pedirle al Dalai Lama que no venga porque se puede resentir el gobernante chino que nos va a visitar.

Todo, porque dicen que China nos va a comprar no sé qué (presumo que productos de Intel, que es lo único que se me ocurre puede interesar en China). Y porque, según se sospecha, traerá regalitos que permitirán financiar asesorías, consultorías, guitarristas y redacción de leyes con fondos diz que privados… privados de legalidad, podría decirse, y cuyo monto probablemente declararán secreto de Estado… como el monto de los bonos que China nos compró. Vivimos de secretos de Estado, y en estado de secreteo.

El punto concreto es que hace por lo menos 60 años que el gobierno de Costa Rica no se complace ni se esmera tanto en mantener, incrementar y fortalecer relaciones con un gobierno totalmente dictatorial y anti-democrático.

Pero rico.

Lanzo los ojos atrás, y salvo lo de rico, encuentro un solo caso parecido, en la decisión que tomó el presidente León Cortés, en 1939, ante la inminencia de una visita del primer Tacho Somoza, que todo el país repudiaba, y que consistió en expulsar de Costa Rica a don Humberto Barahona, abogado nicaragüense con más de veinte años de residencia aquí y padre de don Oscar Barahona Streber, simplemente porque era activamente anti-somocista. El Lic. Barahona jamás regresó a Costa Rica, donde había formado su hogar y criado su familia.

Ese que acabo de recordar es el único caso que recuerdo parecido al feo que, de Nobel a Nobel, se le ha hecho al Dalai Lama, exiliado de China por la dictadura hace un sinnúmero de años, y una figura respetable, seria, a quien, por encima de creencias religiosas, ha recibido incluso el Papa, porque su prestigio es no sólo mundial sino también merecidísimo.

Y todo, porque el gobierno que lo adversa, persigue y expulsa tiene dinero y el Dalai Lama no. Si el Dalai Lama fuese dueño de una chequera, otro gallo le cantaría en Costa Rica. Probablemente un gallo de oro.

Un vez, Joaquín Vargas Gené tuvo la gracejada, llena de intención y sabiduría como todas las suyas, de proponer que quitáramos los veleros y los volcanes del escudo nacional, sustituyéndolos por una imagen de Tío Conejo.

En este 2008 de mis pecados, habríamos de sustituir a Tío Conejo por el Becerro de Oro. Y ya verán ustedes que no faltará algún diputado oficialista que presente un proyecto para declarar al Becerro de Oro Benemérito de la Patria.

Y el Dalai Lama, que aguarde a que se vaya el jerarca chino o más bien, a que cambie el régimen y la vergüenza vuelva a reinar en el Estado costarricense como reinó la última vez, entre 1948… y la fecha que usted, lector, quiera escoger.

Dicen que en ese juego de naipes en que está el régimen, que cada vez que hay una vacante en el Ejecutivo nombran a un diputado (porque dicen algunos malintencionados que ya sólo diputados le quedan como ministeriables), la que no logrará que la saquen de la Asamblea es la señora Antillón, y que alguna razón habrá. Ahí queda el acertijo.

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