Alberto Cañas

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Sábado 23 Agosto, 2008

Chisporroteos
Alberto F. Cañas

Leí en La Nación del miércoles el siguiente título: “Saramago finaliza su libro más reciente”. Y me puse a pensar cómo podría haber Saramago (o cualquier miserable mortal) finalizado un libro y que no fuera el más reciente.

Se ha armado en estos días una polémica, no sé si del todo anacrónica, sobre Darwin y la evolución, en la cual se han podido leer opiniones interesantes, tanto de los darwinistas como de sus enemigos, no todos ellos creacionistas. Un interesante artículo del psiquiatra Eduardo Arias Ayala dentro de ella, me da pretexto para insistir en una de las cosas más raras que le pasan a la lengua castellana en Costa Rica, que es la tendencia a despreciar, ignorar y no usar del todo los adverbios negativos que tan útiles y hasta hermosos han sido a lo largo de los siglos: nada, nunca, ni, ningún. Veamos esta frase del señor Arias: “se debe procurar que todo acto científico no se separe de la dimensión ética y moral…”, cuando lo castizo, lo correcto, lo lógico habría sido “se debe procurar que ningún acto científico se separe… etc.” Ese tan frecuente entre nosotros “todos no”, es una de las más feas y débiles contribuciones que los costarricenses hemos hecho a la destrucción de la belleza de nuestro idioma. (¿Seguirá siendo el nuestro? me pregunto con frecuencia).

O tempora, o mores. Estoy seguro de que si el señor Federico Sosto hubiera vivido en los tiempos de don Cleto González Víquez y don Ricardo Jiménez, hace rato habría renunciado su suplencia de magistrado y estaría viviendo tranquilo en su casa, terminando así el escarnio público a que ha sido sometido. Pero es que los viejos de antes no aguantaban carga. Y los viejos de ahora tampoco. La verdad es que si yo estuviera en su pellejo hace rato habría mandado al diablo la botellilla judicial. Salvo que mi intención fuera seguirle sirviendo al poder ejecutivo desde esa botellilla. Ya el rey Juan Carlos le habría dicho: ¿Por qué no dimites?

¿Detrás de qué andará Rusia? Será de decirle a los Estados Unidos que todavía tiene capacidad para armar líos internacionales, y que esa capacidad no está monopolizada por Washington?

La disyuntiva que con más claridad se le ha planteado a nuestro país en los últimos meses ha sido esta: Cañerías o canchas de golf. Y los que no estamos en el negocio nos limitamos a gozar ochenta, porque la verdad es que tardó más de la cuenta en plantearse.

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