Alberto Cañas

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Sábado 9 Agosto, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

En medio de todo el jolgorio de consultorías, asesorías, guitarristas, ministros de los pobres, gentes que dejan de ser pobres y bancos centroamericanos, una palabra surge a cada rato, y quienes la emplean se llenan la boca para pronunciarla: TRANSPARENCIA.

Es la palabra de moda. Y de esto hace tiempo, porque recuerdo que en la Asamblea Legislativa de 1994, de la que formé parte, los diputados del PUSC la empleaban por lo menos día de por medio para acusarnos a los de la otra bancada (todavía era una bancada distinta, no la misma como ahora) de no ser transparentes como ellos.

Ahora, en esta maraña de las asesorías, las consultorías, los magistrados suplentes, los pagos en dólares, las empresas de funcionarios y los empleados públicos que se pretende que no son empleados públicos (lo serán privados entonces, pero no sé que los hayan privado de nada), y todas esas yerbas aromáticas que están surgiendo despidiendo olores que, como decía don Quijote, no son precisamente a ámbar, la famosa palabra transparencia la escuchamos todos los días, principalmente proferida por aquellos que están siendo, por decirlo de alguna manera, investigados en este escándalo.

“Yo soy transparente”. “Lo que yo hago es transparente”. “Mi conducta es transparente”. “Los actos que han averiguado son transparentes”, y con esto, de alguna manera se quiere significar que son justos, legales, éticos, morales, convenientes y patrióticos.

Llega un momento en que algunos se cansan de la palabreja y querrían que buscaran otra, pero como que solamente esa encuentran.

Y a mí, con perdón de ustedes, me parece muy bien. Todo lo que llevo escrito hoy no tiene otro propósito que reconocer que efectivamente tienen razón. Todo es transparente en esta Costa Rica a que nos han condenado y padecemos. Y con cada día que transcurre, más transparente se pone, lo cual no deja de ser un alivio para los ciudadanos.

Y todo ello, por una razón muy sencilla. Porque transparente no es un sinónimo de límpido, de aseado, de impoluto, de moral y de ético. Un vidrio es transparente y no tiene nada de eso. Transparente, valga el vidrio, es aquello que deja ver lo que hay detrás.

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