Alberto Cañas

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Sábado 26 Julio, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Todavía recuerdo la época (que me parece más lejana de lo que es) en que los presidentes nombraban ministros con capacidad para redactar decretos, reglamentos y proyectos de ley; que en casos complicados, recurrían a los procuradores de la República en demanda de auxilio. Y también recuerdo cuando en ciertos casos, abogados amigos del gobierno ayudaban en la confección de las leyes sin cobrar honorarios por esa colaboración con el país. Recuerdo perfectamente la forma desinteresada y totalmente gratuita en que don Alex Curling colaboró conmigo (en mis días de secretario de la Junta Fundadora), en la rara investigación que hubo que hacer, tanto en el Archivo Nacional como en la ciudad de Limón, para redactar el decreto-ley que derogó cualquier limitación que pudiera existir al derecho de los habitantes de la república de moverse libremente por todo el territorio nacional, limitación que la Northern Railway había inventado que existía, para evitar que sus notables mecánicos afro-limonenses se vinieran a San José en busca de mejores salarios.

Estoy seguro de que don Alex Murray no cobró un céntimo por su colaboración en el decreto-ley que creó el ICE. Lo mismo respecto al Lic. Roberto Loría en la ley de creación del INVU. Siendo yo diputado, don Alberto Salom trabajó durante un largo rato conmigo en la Asamblea preparando un proyecto de servicio juvenil obligatorio, y no sólo no cobró, sino que se negó a aceptar ningún tipo de remuneración por esa colaboración con el país.

O eran otros tiempos, o eran ciudadanos de otro calibre, o existía un sentido de lo patriótico, de lo importante que era colaborar con las autoridades en obras de bien común sin esperar ni aceptar remuneración.

Todo eso ha sido sustituido por consultorías o como se las llame, en las que se paga (a veces en moneda extranjera) a determinadas personas por efectuar trabajos que deberían hacer los propios ministros, o los abogados del ministerio, o la Procuraduría General.



Todavía estamos esperando que la Ministra de Obras Públicas sustituya el tribunal administrativo que le echó abajo la disposición más aplaudida que ha tomado su Ministerio en no sé cuántos años.

Muchas gracias a los miembros de la Compañía Lírica Nacional que me han expresado su acuerdo con lo que dije sobre el respeto que merecen las obras concebidas para la escena y la obligación de que no se derrochen los dineros públicos en experimentos excéntricos que nada tienen que ver con la obligación de darle cultura al pueblo.

Aplaudo con entusiasmo lo que dijo Ottón Solís en Sardinal: “Ni una gota de agua para canchas de golf mientras haya una sola casa sin agua potable”. Los costarricenses se están convenciendo de que los gobiernos existen para velar por los costarricenses y no por los inversionistas extranjeros. Ya es hora de que volvamos a creer (como creían los gobernantes anteriores a 1986) que hay que gobernar para los ticos y no para los foráneos, y abandonar de una vez la manía de creer que lo urgente tiene prioridad sobre lo importante, que es lo que venimos sufriendo desde mayo del 2006.

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