Alberto Cañas

Enviar
Sábado 19 Julio, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

En realidad, parece que nuestras relaciones exteriores (como todo lo que tiene que ver con la república actual de Costa Rica) se manejan con el mismo criterio: la plata.

Rompimos con Taiwán, que bastante plata nos daba, y hasta contribuía (¡qué vergüenza!) a pagar nuestro cuerpo diplomático, porque aparentemente la China continental nos podría dar más plata, hasta un estadio que maldita la falta que hace. Y ahora, a pesar de los extraños silencios oficiales sobre el rescate de Ingrid Betancourt (o tal vez al igual que ellos) y de los intentos de atacar a los opositores tratando de presentarlos como adictos a Hugo Chávez, nos van acercando al pintoresco venezolano. Y si bien lo hacemos por plata, será la primera vez que la plata esté considerada como un beneficio para el país y no como un regalo derrochable. Efectivamente, Venezuela puede (como lo hizo en la década de 1970 bajo el gobierno aquí de Daniel Oduber) vendernos el crudo a un precio diferencial y favorable.



De manera que nos conviene acercarnos a nuestra siempre cercana Venezuela (piensen en Washington lo que piensen), y hasta enviar a Caracas un embajador que durante muchos años habló un lenguaje y sostuvo una posición ideológica parecidos a los que hoy habla y practica Chávez.

Detrás vendrá el punteo de que nos construya Venezuela un puente, un estadio, una casa presidencial o cualquier otra cosa. Pero que conste que desde hoy lo avisamos: a eso nos dirán que no, de manera que mejor no hacer el punteo y no seguir de méndigos (esdrújula, con tilde en la e.)

Mientras tanto, la presión popular por los ferrocarriles crece, y la presión no popular en contra de ellos también. Ya veremos, si de aquí a allá el asunto no se ha arreglado, con cuánto contribuirán los camioneros a la campaña electoral de cierto partido que todos sabemos cuál será: el de siempre. Como decía una vieja canción: el que alguna vez fue.

[email protected]